Author: marxismo | Date: 27/01/2012 | No Comments »

José Martí, el 19 de diciembre de 1882, admitió como un defecto suyo lo que muchos periodistas aspiran a lograr en el breve viaje por la vida terrenal: ser pensadores orgánicos con la capacidad de advertir lo esencial en el medio circundante.

"Es mal mío no poder concebir nada en retazos, y querer cargar de esencia los pequeños moldes, y hacer los artículos de diario como si fueran libros", admitió el joven de 29 años en carta a Bartolomé Mitre y Vedia, director de La Nación de Buenos Aires.

Tal aseveración la hizo el periodista referido a sus reportajes remitidos a Mitre y Vedia, que dentro de su periodismo magno clasifican como Escenas Norteamericanas.

Tres meses más tarde, con su método de cargar de esencia los pequeños moldes, entró como colaborador en La América, revista en la cual demostró ser un lector voraz de la prensa en español e inglés llegada hasta la pujante Nueva York de los años 80 del siglo XIX.

El periodista citaba diarios y libros de la época sobre agricultura, industria o comercio referidos a Latinoamérica para sustentar sus criterios y ampliar la cultura científica del público.

Compartía lo más novedoso en ciencia y tecnología con sus lectores, a quienes ponía al tanto de los progresos en diversas tierras del mundo.

"Tal proposición de alcance mercantil o final trascendencia americana se presenta en el Congreso o se debate en los periódicos: la expondremos y dilucidaremos, en cuanto el espacio y el ingenio nos lo permitan", especificó en el editorial Los propósitos de La América bajo sus nuevos propietarios, en enero de 1884.

Asimismo acotó: "tal instrumento de cultivo, de laboreo de minas, de cosas semejantes, se anuncia en nuestras columnas de avisos: lo explicaremos en las columnas de lectura".

El observador minucioso de la realidad norteamericana habló con conocimiento de causa sobre el texto El tratado comercial entre los Estados Unidos y México, publicado en marzo de 1883. Sustentó sus opiniones en lo afirmado por influyentes rotativos de Nueva York y Washington.

"Con la costumbre, no descaminada a veces, de buscar causas ruines a los propósitos de apariencia y objeto más loable -han dicho periódicos de los Estados Unidos de tanta valía como The Sun, de New York, y otros de no menor influencia en Washington, que como tratado dejaría sin rentas al gobierno de México".

Al respecto destacó la opinión del cotidiano The New York HeraId, el cual calificó como "diario de hechos, que tiene para ellos un ojo limpio, frío, y a menudo brutal".

"Dice el Herald aún ahora, los ferrocarriles que desde este país están siendo introducidos en México están casi exclusivamente bajo el poder de ciudadanos de los Estados Unidos, y el capital americano se ha invertido en considerables cantidades en empresas de México".

Tan entrenado estaba en la lectura del inglés que captaba los matices del idioma, por tanto podía mostrar la prepotencia estadounidense al tratar a otros países de la región.

"Venezuela, dice en su último número The American Exporter, está mejor situada que ninguna de las Repúblicas de la América Meridional para el comercio con los Estados Unidos".

Martí, para hilvanar sus artículos, consultaba "Bradstreets, el más acreditado y sesudo periódico de Hacienda y Comercio que New York publica; Mechanics, el más leído por los que se dedican a las artes del hierro; The Iron Age, La Edad de Hierro, excelente revista de los intereses mecánicos y metalúrgicos de los Estados Unidos".

Para ayudar a la construcción simbólica de la realidad latinoamericana, citó rotativos como La Sociedad Económica de Guatemala, periódico en que "se han publicado notables estudios agrícolas, reseñas de descubrimientos paleontológicos, diestros consejos de industria agrícola y antiguos libros de indios", confesó en Quesos, en junio de 1883.

También citó documentos oficiales como el informe de 1882 de Argentina, que mencionaba las mil 389 escuelas, los dos mil 256 maestros y los 98 mil alumnos de esa nación suramericana.

A fin de sustentar sus valoraciones, leyó una investigación presentada en colegios de agricultura de Estados Unidos: "El Director de la Escuela de Agricultura de Michigan defiende calurosamente las ventajas del trabajo manual en las Escuelas. Para el Director Abbott, no hay virtud agrícola a que no ayude el trabajo manual en la Escuela."

Agregó que "en una Escuela, la de North Carolina, han analizado los abonos, los minerales, las aguas minerales, las aguas potables, el poder germinador de las semillas, la acción de diferentes sustancias químicas en ellas, y la de los insectos sobre las plantas".

Uno de sus propósitos editoriales era sintetizar el contenido de los textos referidos a las memorias, composición y problemas de nuestra América: "Nos llena de orgullo todo libro nuevo publicado en nuestras tierras americanas", subrayó en el artículo Biblioteca Americana, de enero de 1884.

Ser un entendido en las exposiciones industriales de la época le permitió arribar a conclusiones como esta suscrita en Biblioteca Americana, en enero de 1884: "ya las Exposiciones no son lugares de paseo. Son avisos: son lecciones enormes y silenciosas: son escuelas" .

Como conocedor del tema expuso en La exposición de electricidad: "Ya no basta a los descubridores del elemento nuevo la Exposición de Sydenham, ni la de Munich, ni la de París, que fue tan brillante, ni la de Londres, que lo está siendo hoy. Ya anuncian para agosto de este año la Exposición nueva."

Igualmente comentó sobre lo necesario de saber ofertar un producto: "No está todo en producir, sino en saber presentar. En envolver bien está a las veces el único secreto de vender mucho. El hombre es por naturaleza, y aun a despecho suyo, artista; cuanto halaga a su naturaleza, aun cuando no se dé él cuenta de ello, tiene venta segura".

El redactor trascendió el acto de escribir sobre exposiciones norteamericanas y europeas, y propuso hacer una para los pueblos del sur del Río Bravo: "Pues todo eso pondría yo en la Exposición Hispanoamericana en New York: artes, productos del cultivo, muestras de las industrias incipientes, que servirían por lo menos para revelar a los capitalistas lo que se puede hacer de nuestras materias primas", señaló en el artículo Una indicación de La América.

Martí tenía como método reivindicar a los latinoamericanos: "Se nos tiene por una especie de hembras de la raza americana, y va siendo urgente que nos vean en trabajos viriles: sobre todo cuando es cierto, que, dados medios iguales, en condición ninguna de actividad, laboriosidad e ingenio nos sacan ventaja los hombres del Norte".

Para lograr la Exposición Artística e Industrial de Hispanoamérica en New York, el Apóstol se comprometió a escribir al gobierno estadounidense sobre la idea de La América y envió varios ejemplares de la revista a sus amigos hacendados.

Defensor del principio de que quien vende necesita anunciarse, Martí consiguió después de varios meses de insistencia lograr que la exposición de productos suramericanos fuera un hecho en Estados Unidos.

Al respecto expresó en el artículo Productos americanos: "gozo al ver que con nuestro espíritu latino prevemos y aconsejamos cosas que meses más tarde vienen también a parecer muy buenas a los sesudos y laboriosos neosajones".

Los textos de Martí en La América revelan tópicos sintetizados en su ensayo Nuestra América, de enero de 1891, en el cual subrayó que crear era la palabra de pase de aquella generación.

Tomado de Prensa Latina

Tomado a su vez de:

El Portal José Martí está destinado a divulgar la vida y la obra de José Martí Pérez (1853-1895), el más genial y universal de los pensadores cubanos, y los estudios que se realizan en torno a su ideario. A través de sus diferentes secciones podrás conocer los textos originales del Héroe Nacional cubano y disfrutar de su poesía y su prosa. Conocerás los resultados de los estudios más recientes de los investigadores de Cuba y el resto del mundo y los servicios de biblioteca, librería, directorio y editorial que brindan las instituciones cubanas relacionadas con la vida y la obra de José Martí.

http://www.josemarti.cu/?q=node/53

Author: marxismo | Date: 26/01/2012 | No Comments »

Los tres músicos de Picasso

por Andrés Figueroa Cornejo

Uno.

El obrero Pablo Díaz que trabajaba en el predio de la minera Vale do Río Doce en el puerto de Bahía Blanca (al sur de la provincia de Buenos Aires), en medio de una tormenta bíblica, fue arañado fatalmente por un rayo.  Se desconocen casos de empresarios al respecto.

Dos.

Es verdad. El actual gobierno argentino no tiene por qué hacer el socialismo y ni siquiera tiene que pavimentar el camino hacia una fase post capitalista. Por una parte -la menos importante-, no está en su programa ni en su práctica concreta y discursiva; y por otra -la más importante-, una nueva etapa histórica caracterizada por la hegemonía de los intereses de los trabajadores y el pueblo es labor de las grandes mayorías. Y el socialismo no es un modo de producción totalmente otro que el capitalismo. Eso será el comunismo. La socialización de las fuerzas productivas y la caminata dura por terminar con la apropiación privada del excedente socialmente producido, es un combate. Un período inacotado y determinado por las relaciones de fuerzas internacionales, regionales y nacionales. Algo parecido al socialismo anticapitalista (¡ahora es preciso adjetivarlo para no confundir el menú todavía más!) es un trecho significado por la exposición multidimensional y desembozada de la lucha de clases, donde el pueblo trabajador  lleva una ventaja parcial sobre la minoría gran propietaria que económica, política, diplomática, mediática y militarmente ofrecerá resistencia mortal ante la perspectiva cierta de la pérdida de sus privilegios naturalizados por siglos de dominación. Esa ventaja parcial de las fuerzas sociales que producen la riqueza; que siembran cereales y fabrican tecnología atómica; que construyen viviendas, educan, pintan, laboran en servicios, historian y novelan desde la emancipación del género humano, se expresa siempre por abajo como movimiento contradictorio ante la vieja sociedad, y luego se juega estratégicamente en el desmantelamiento del Estado tal como se conoce hoy. La participación en la democracia burguesa o dictadura del capital, e incluso hacerse del gobierno, es sólo parte de una forma para facilitar la organización popular, su cabeza y sus pies, y liberar la edificación del poder de los desheredados. Lo cierto es que sin armadura teórica y material, los trabajadores y el pueblo carecen hasta de la oportunidad de ser derrotados.  

Es una perogrullada que frente a la mundialización del capitalismo y sus matices, el socialismo anticapitalista debe avanzar -desigualmente y de acuerdo a los complejos regionales- de manera mundial. Cualquier proyecto de poder con el horizonte puesto en el fin  de las clases sociales y del mismo poder de unos sobre otros, debe considerar cardinalmente ese carácter ampliado de la liberación humana. De lo contrario, contiene en su seno las pistas de su próximo fracaso.  

Por eso, y otras innumerables razones, al Ejecutivo argentino es preciso observarlo con las armas de la crítica mientras se propugna en el movimiento real de los trabajadores su organización altamente politizada, con la mira en el poder como un medio históricamente limitado para acabar con él y las relaciones sociales y de reproducción de la existencia que lo justifican. A aquellos sectores que se decepcionaron rápidamente –algunos sin siquiera dar batalla- y a otros que sí enfrentaron la represión  y que hoy colaboran disciplinadamente con el capitalismo a la argentina, ni siquiera hay que denunciarlos de posibilistas. Menos de reformistas o socialdemócratas. Esas categorías no dan cuenta de la naturaleza del gobierno y sus funcionarios. En Argentina no existe reformismo ni socialdemocracia. Sólo existe el capitalismo puro y duro del siglo XXI propio de un país empobrecido y dependiente: concentración del excedente, desigualdad galopante, intensificación de la explotación del trabajo asalariado, primarización económica, destrucción de recursos naturales sin repuesto, dominio del momento financiero de la reproducción capitalista, programas sociales con tope y dispositivos de alienación para regimentar  precavidamente un eventual ciclo de luchas sociales. Sí, en Chile parece peor. Pero Chile es vanguardia del ultraliberalismo. Habría que ver si los propios eslabones mexicanos y colombianos están a su altura. Y también es preciso testear qué estilo es el que está cruzando la cordillera andina en estos momentos. ¿Chile se argentiniza o Argentina se chileniza? Los ajustes estructurales, los programas sociales focalizados, la transnacionalización de la economía (con disfraces jurídicos o al desnudo), las privatizaciones, el daño irreversible de los ahorros  previsionales, las leyes antiterroristas, el patrón primario exportador, la intervención estatal para rescatar a los dueños de todo cuando están en aprietos, la represión contra los pueblos originarios y la desobediencia civil, la tercerización laboral (si la mitad de la fuerza de trabajo argentina está ‘en negro’, informalizada, entonces el subcontratismo no necesita cobrar las dimensiones chilenas), son materia aprobada con fondo de carnicería desde la segunda mitad de los 70’ del siglo anterior en Chile.

El anticapitalismo en Argentina tiene el deber objetivo de hundirse en el movimiento real de los trabajadores y el pueblo; aprovechar sus impulsos espontáneos gatillados por el empeoramiento general de la vida para adquirir tonelaje político, para conducir-participando; alimentarse y alimentar una nueva generación de insubordinados que actualice el proyecto de una sociedad distinta a la capitalista. Es decir, tonificarse con celeridad unitaria, amplia, radicalmente democrática, muy lejos de las capillas, los aparatos, los manuales trasnochados y la autoexclusión respecto del propio pulso popular. Salir por fin de la fotografía en blanco y negro, y convertirse en largometraje en 3D. Y ello jamás significa hipotecar principios, objetivos estratégicos ni memoria. Sólo que los principios, los objetivos estratégicos y la memoria son condición insuficiente para transformarse en alternativa política desde, con y para las grandes mayorías. En fin, montados sobre el análisis concreto de la realidad concreta y no sobre recetarios y sectas, llegar a ser pueblo en lucha, construcción genuina de fuerza social de mayorías, con proyecto y orgánicamente democrática, independiente e insobornable.

Tres.

En la coyuntura, Argentina sufre una crisis inflacionaria y de déficit  público (8 mil 600 millones de dólares el 2011) que en vez de remontarse con industrialización, nacionalizaciones e impuestos sustantivos al capital, pretende solucionarse mediante recorte de subsidios, salarios bajo el costo de la vida y reprimarización privatizada de la economía.

Asimismo, la administración de turno, fuera de toda propaganda, canceló el 2011, sólo en intereses, 9 mil 500 millones de dólares de la deuda pública que alcanza los 175 mil millones de dólares. Y pese al mayor gasto social, según las propias cifras desacreditadas del gobierno, la pobreza en el país raya el 25 %. El crecimiento está numerado en alrededor de un 4 % para el 2012. Ni los programas sociales ni la expansión económica dan como resultado una distribución del ingreso y de la riqueza socialmente producida menos inequitativa. Incluso con un 42 % de la población total percibiendo un salario, casi al borde técnicamente del pleno empleo. ¿Por qué? Porque aunque exista cesantía de un solo dígito, el movimiento del capital tiende a la concentración del excedente producido colectivamente y satisface sus tasas de ganancia a través de la súper explotación del trabajo (la mitad de la fuerza de trabajo está ‘en negro’, remunerada muy por debajo de los promedios de los trabajadores sindicalizados y en condiciones infrahumanas, sin seguridad social ni derechos de ninguna especie), el despojo de recursos naturales (megaminería y abuso del suelo que demanda la industria agropecuaria) con daños económicos y culturales  tanto a los pueblos originarios, como a las comunidades en general donde invasivamente se hincan sus intereses; y la tutela de las bolsas comerciales y financieras donde se especula y dictamina el precio de las mercancías.

Las novedades de enero son la obligatoriedad de hacerse de la tarjeta digital para emplear el transporte de personas en Buenos Aires, y los resultados de la primera negociación colectiva o paritaria del año entre trabajadores y empresarios. Junto con el incremento de un 127 % del precio del boleto en el subterráneo o metro capitalino, ahora la gente de a pie tiene que abrirle un crédito al transporte, pagando por adelantado los viajes que todavía no ha realizado. Igual que en Chile. ¿Qué se hace con el dinero cancelado con antelación al uso real del transporte colectivo mediante la tarjeta? ¿Duerme dentro de la tarjeta o se emplea en asuntos que desconoce la población? ¿Qué ocurrirá con la gente que anda con los ‘pesos justos’ para el viaje diario? ¿Ganan los usuarios con esta medida?

Por otro costado, 15 mil trabajadores de la industria aceitera de la Ciudad de Buenos Aires, San Luis, Bahía Blanca, Rosario, fundados en una investigación efectuada por la Universidad Nacional de Rosario sobre el precio de la canasta básica de una familia tipo (mil 460 dólares), lograron un reajuste salarial del 24 %. Es la primera negociación de 2012 y, en consecuencia, tendrá un impacto significativo en la seguidilla de paritarias que se resolverá durante el primer cuarto del año. Para llegar a ese porcentaje, los trabajadores debieron tomar medidas de fuerza con el fin de “sensibilizar” al empresariado del sector.  Ahora bien, se trata de una negociación donde se concordó un 24 % de  aumento remuneracional. Y el gobierno, a través del Ministerio del Trabajo, obligó el acuerdo. Por tanto, la inflación real supera ese porcentaje.

Enero 25 de 2012

Andrés Figueroa Cornejo

Author: marxismo | Date: 25/01/2012 | No Comments »

por Fernando Hugo Azcurra

La unidad originaria entre trabajadores y medios de producción

Cuando examinamos desde el nivel económico más general la experiencia social de lo ocurrido en Rusia, estremece comprobar la similitud entre la forma socialista adoptada por la URSS con la correspondiente al capitalismo y a sus rasgos distintivo:

a) relación entre trabajadores no propietarios con propietarios no-trabajadores (similitud),

b) los capitalistas expropiados y un solo capital en el Estado-Partido (diferencia).

Al mismo tiempo cabe señalar que no se hubo superado la subordinación y sometimiento del trabajo al capital. Pero aludir así a la situación de lo hecho en la URSS no es otra cosa sino plantear que la unidad originaria entre los trabajadores y la propiedad de los medios de producción, rota por las sociedades de clase y, en particular, renovada en su forma por el capitalismo, ni siquiera hubo de ser encarada como una tarea práctica de política y estrategia de clase de primer orden, y al mismo tiempo como un medio de carácter económico para superar el atraso desde el cual partió la URSS. Dicho de otro modo, bajo la conducción de Stalin, la ruptura de la unidad originaria entre trabajadores y sus condiciones objetivas de producción y autosustento no se produjo ni figuró jamás entre los objetivos a lograr a corto plazo histórico como un ejemplo de la nueva sociedad superadora del capitalismo. (En el cap. 2 de “Imperialismo y Socialismo” hubimos de anticipar algunos conceptos que aquí tratamos)

Ahora bien, esta “unidad originaria” es aquella que corresponde a los trabajadores como dueños de sus condiciones objetivas de producción y sustento, ya que ellos mismos constituyen las condiciones subjetivas; unidad, pues, de los medios, los instrumentos y de los resultados de tal proceso. Unidad que excluye el trabajar para otro en condiciones de subordinación por el procedimiento de la coacción tanto extraeconómica (esclavismo, servidumbre) como económica (trabajado asalariado). Esta autonomización asociada de trabajo, propiedad y producción no es sino la de dueños o propietarios de sus propias condiciones de producción y reproducción que, históricamente pueden ejemplificarse en el comunismo natural o comunidad “asiática” y en el trabajo del campesinado agrícola incluyendo en esta forma la artesanía o industria doméstica.

Marx afirma (“Teorías sobre el Plusvalor”, FCE. 14, p. 375) “Ambas son formas infantiles y poco adecuadas para que el trabajo se desarrolle como trabajo social y se desarrolle, con él, su productividad”. La forma de desarrollo social del trabajo y de su mayor productividad es la que corresponde al modo de producción por el capital y a su contraposición específica: el trabajo asalariado. Ahora bien, esta forma social significa una ruptura profunda entre el trabajo y la propiedad sobre las condiciones de producción, es la ruptura de aquella unidad originaria. Quizás la ruptura más profunda es la del trabajo esclavo ya que en esta modalidad el propio trabajador es concebido como una “cosa” más integrante de las condiciones objetivas.

El capital reproduce y perpetúa aquella ruptura pero bajo sus propias características económicas e históricas, porque, en definitiva, cualesquiera sean las formas sociales del proceso de producción, los protagonistas decisivos son siempre los trabajadores, los medios de producción y la relación jurídica que mantienen con éstos, ya que esto último decide sobre la propiedad de sus resultados (productos). Las formas específicas en la que se combinan trabajadores, medios de producción y la relación jurídica a que da lugar, diferencia las formas económicas de la estructura social. Volver a recuperar aquella unidad originaria de la producción, como es evidente, sólo puede hacerse sobre la base técnica y científica alcanzada por el modo capitalista de producción, la que sólo es posible de ser restaurada por medio de los procesos de cambio social que ya está experimentando la sociedad burguesa y el capital, la solución es, finalmente, de carácter político práctico y no evolutivo-económico. Cuando, como sucede en la realidad socio-política actual, los cambios hacia el socialismo se inician en sociedades atrasadas, el logro de construir tal base es un objetivo político y económico de primer orden. Pero también se vuelve imperativo por medio de qué nuevas relaciones de producción y propiedad se llevará a cabo tal objetivo.

¿Por qué es tan importante señalar la necesidad de la supresión de esta ruptura de la unidad y de su forma social antagónica? Lo es ya que lo que se juega consiste en el comienzo de la superación de las sociedades de clase milenariamente existentes. Y además porque fuera de los trabajadores asalariados, por debajo de ellos si se quiere, no existe otra clase explotada y que, en potencia, haya de ocupar el lugar de aquellos quienes, a su vez, ocuparían el lugar de clase explotadora. Esto sería un sin sentido social y económico que no encuentra sustento en el proceso real de las sociedades de clase y en particular en la sociedad burguesa. Esta extinción de las clases por medio de la liberación de la clase explotada es la eliminación de ella misma y de toda diferenciación de clase, es por ello mismo la construcción de otras relaciones sociales y productivas, es la erección de otra sociedad.

Por esta razón no atacar el centro vital de la estructura de clases es continuar manteniéndola, es continuar repitiendo las mismas relaciones y las leyes de su funcionamiento. Fue esto lo que se pudo encontrar en la URSS (e incluso diríamos en toda experiencia de cambio profundo que no acometa como objetivo político superar este divorcio social y productivo). La fuerza de trabajo de los trabajadores continuó siendo una mercancía en la URSS por cuyo uso se pagaba un salario a cargo del Estado-partido y los medios de producción se situaban lejos y por encima de ellos, ajenos a ellos. Las condiciones subjetivas de la producción y las condiciones objetivas no se reunieron, reiterando con ello las bases sociales de una producción clasista.

Pero veamos de más cerca esta relación entre trabajadores no-propietarios quienes venden el uso de su fuerza de trabajo, y Estado propietario que usa tal fuerza.

La relación económica de los trabajadores y el Estado socialista

Las características típicas de la relación entre trabajador asalariado y las empresas bajo el socialismo realmente existente pueden resumirse de la siguiente manera:

-el trabajador es considerado como “libre”, sin ataduras personales ni de subordinación social de ningún tipo;

-el trabajador vende el uso de Ft por tiempo, día, semana, mes, etc. y el Estado la usa productivamente;

-el trabajador acepta las condiciones establecidas por las empresas del Estado para el uso de Ft; en rigor éstas están ya establecidas para toda la clase dado que se concebía al Estado como la clase misma en el poder;

-el trabajador no vende mercancías ya que no es un productor dueño de sus condiciones objetivas de producción. No trabaja para sí sino para otro.

-el trabajador recibe un W por su trabajo;

-el trabajador produce mercancías y valor por encima de las necesidades de su reproducción y, por tanto, es generador de un excedente;

-el trabajador no es dueño de los medios de producción por lo que tampoco es dueño de los resultados del proceso productivo (masa de mercancías), aun cuando formalmente se sostuviera que la propiedad estatal era la forma colectiva de propiedad;

-el trabajador en estas condiciones reproduce materialmente y en valor su fuerza de trabajo;

-el trabajador tampoco es dueño del excedente;

La relación económica específica entre trabajadores y capitalistas

Examinemos ahora la condición estructural de la relación productiva entre el trabajador “libre” y la posición del propietario de los medios de producción bajo la forma productiva y social capitalista. Es esta una relación de producción resultado de toda una larga etapa histórica de luchas, robos, confiscaciones, etc. (acumulación originaria) para subordinar a los trabajadores al capital, que se va gestando en el seno de la sociedad feudal. El capital, primero se monta formalmente en los modos existentes de trabajo y producción y las va socavando; luego, poco a poco, se vuelve realmente dominante con su propia técnica y bajo el comando directo del capitalista. Se constituye el modo específicamente capitalista de producción.

Que el trabajador sea “libre” significa que es propietario de su fuerza de trabajo, y lo es en tanto diferenciación de las formas de producción anteriores conocidas, las de trabajo esclavo y trabajo servil. Bajo el capitalismo ya no existen aquellas formas de subordinación personal en las relaciones de producción en las que el trabajador carece de entidad autónoma como sujeto de contrato por tanto como ente de juridicidad. Si éstas fueran las condiciones entonces no habría posibilidad alguna de relaciones capitalistas. El capital exige la contraposición de trabajadores que se presenten como “dueños” de lo que venden, no sea que alguien pudiera reclamar para sí la propiedad de aquellos e impidan la formalización contractual.

Los trabajadores, entonces, se ven obligados a “ofrecer” a las empresas sus capacidades productivas para poder sostenerse como individuos y como clase, funciona la coacción económica. A los trabajadores en esta transacción mercantil les interesa: primero vender para comprar, esto es, vender el uso de su fuerza de trabajo (mercancía), percibir un salario (dinero) para luego con él adquirir los productos para su consumo (mercancía). El circuito es pues mercancía-dinero-mercancía. Esto señala la segunda circunstancia: los trabajadores necesitan acceder a los valores de uso mercantiles sin los cuales no podrían subsistir ni ellos ni su familia.

El interés de los empresarios capitalistas es comprar para vender. Compran con dinero (en realidad invierten) medios de producción y el uso de la fuerza de trabajo; reúne a ambos en el proceso de producción mediante el cual obtiene una masa de mercancías valorizadas que venden recuperando la inversión acrecentada en un plus o excedente. El circuito es dinero-mercancía-dinero. Al empresariado capitalista lo motiva el valor de cambio y no el valor de uso, le importa recuperar el dinero invertido incrementado y así proseguir en períodos subsiguientes. Entre ambas clases sociales las transacciones se realizan mediante dinero y mercancía y, sin embargo, las posiciones que ambas categorías ocupan en la relación no son simétricas. Los trabajadores participan en el movimiento mercantil simple, en tanto los empresarios hacen actuar al dinero como capital y es éste el movimiento vital para ellos.

Ahora bien, la forma particular del cambio entre trabajadores y capitalistas, no entre “trabajo” y “capital”, objetiva una diferenttia specifica respecto del trueque y del cambio entre mercancía por dinero: en principio se trata de una relación monetaria o económica, o sea no de subordinación personal como en las formas históricas anteriores y, en segundo lugar el dinero bajo la forma del pago salarial adquiere el derecho de uso por parte de los empresarios sobre el trabajo vivo y la jornada laboral de los trabajadores.

Esta particular relación se compone de dos momentos o procesos claramente diferenciados: el momento formal y el momento real, que el capital y la economía burguesa no distinguen, y que en realidad son dos tipos de cambio entre trabajadores y capitalistas. El primer momento expresa la relación contractual: compra de la fuerza de trabajo; el segundo se refiere al trabajo en proceso, a la actividad misma de producción y por este medio la transformación inmediata del trabajo vivo en generadora de capital, es su objetivación como realización del capital que produce capital por medio de la explotación económica de los trabajadores.

El momento formal se da, pues, como compraventa de la fuerza de trabajo, por tanto se desenvuelve como cambio en el ámbito de la circulación entre dinero y mercancía, se presenta como una transacción común entre partes, una de las cuales vende y la otra compra, surge o se da una relación jurídica contractual entre “iguales” en un mercado particular en la que, por hipótesis, se decide sobre salarios, jornada laboral y otras condiciones. De manera que, a esta altura, lo que debe destacarse es que: a) no se trata de un cambio de mercancías, el trabajador NO le vende mercancías al empresario, por tanto, b) los trabajadores venden el uso de una capacidad y no una “cosa” mercantil; c) los empresarios se comprometen al pago por el uso de la fuerza de trabajo, que es en potencia dado que aún no la utilizan, d) el dinero hasta aquí funciona idealmente como medio de compra ya que los empresarios pagarán luego de usarla durante el lapso estipulado días, semana, mes, etc. En este momento formal no aparece excedente alguno.

En el momento real se da el consumo efectivo (es el “uso”) de la fuerza de trabajo por parte de quien la ha comprado: es el momento en el ámbito de la producción. En este momento no hay cambio en el sentido formal, sino un “perfeccionamiento” del contrato del momento anterior: el propietario dinerario y de los medios de producción ya no es comprador y el trabajador no vende mercancía alguna. Son características de este momento: a) el trabajador ha quedado realmente subordinado a los capitalistas; b) el proceso de trabajo es dirigido y controlado por el capitalista que es quien toma las decisiones y dicta las órdenes; c) El propietario “usa” lo que ha comprado, esto es el valor de uso de la fuerza de trabajo, y el trabajador se la entrega del único modo que puede y debe hacerlo: trabajando. d) El trabajador materializa ahora valor en la masa de mercancías correspondiente a la jornada laboral pactada; e) aquí es cuando aparece la diferenttia specifica del intercambio entre trabajadores y empresarios capitalistas: el trabajador produce al trabajar durante la jornada laboral, más valor de lo que ella le cuesta al empresario; f) el dinero, respecto del trabajador, funciona ahora realmente como medio de pago.

Ahora bien, el trabajador no trabaja hasta reproducir sólo el valor de su fuerza de trabajo sino que debe seguir trabajando todo el tiempo de la jornada laboral que es más extensa. Pues bien, este hecho marca indeleblemente que el valor de uso de la fuerza de trabajo es en sí mismo el fundamento del valor de cambio, ésta es la razón por la cual es su uso el que crea un valor de cambio de magnitud mayor que el que ella misma contiene. ¡Este es el secreto de la voracidad capitalista en cuanto al trabajo y la extensión de la jornada laboral! Vemos que la clave de la explotación del trabajo por el capital está en el momento de la producción y no en el de la circulación, en esta última los intercambios son de carácter equivalente, en la otra se produce más de lo que el capitalista ha invertido, es otra manera de decir que el cambio entre trabajo vivo y trabajo materializado es desigual siendo ésta es la fuente del excedente. El pago del salario a posteriori de su consumo, digamos en la quincena o al mes, oculta esta situación y da la apariencia que el salario es el pago “justo” por toda la jornada de trabajo. El momento formal se superpone al real y se muestra como el único intercambio; el cambio real entre trabajo vivo y objetivado queda subsumido en aquél como cumplimiento “equitativo” del contrato por parte del trabajador.

La especificidad del socialismo realmente existente

Pues bien, todas estas singularidades que caracterizan con precisión la explotación de la fuerza de trabajo por el capital y por tanto la subordinación del trabajador a los capitalistas, si las analizamos con atención, son claramente similares a lo que sucedía con la clase trabajadora bajo la URSS. Se estructuró y subsistió la separación entre las condiciones subjetivas y objetivas bajo una nueva modalidad: la de la concentración, no sólo en un polo, sino en un único propietario de las condiciones objetivas que repetían su condición de capital aunque ya no hubiera capitalistas; podría pensarse en que el proceso de “colectivización” del agro (década del 30) desmentiría esto pero sin embargo este proceso no fue otra cosa que una gigantesca y acelerada “expropiación” del campesinado ruso, lo que dio lugar a que formalmente existiera la propiedad cooperativa, pero realmente estaba atada y subordinada a la dirección y los planes del partido-Estado. Y fue esta peculiar forma social de producción la que constituiría la base de los acontecimientos histórico-políticos de la década del 90 en la URSS y en los países europeos socialistas.

Esta monopolización de los medios de producción en el Estado como único capitalista en un polo, determinó la continuación de la expropiación de los trabajadores y el mantenimiento de la relación de trabajo asalariada como el otro polo de una contraposición antagónica. Podría hasta pensarse que en realidad lo que la URSS y los países socialistas europeos constituían eran una variante o modalidad socio-económica “asiática” de producción con industrias y producción masiva de mercancías, pero nunca que fuera un capitalismo de Estado. En esta variante del modo capitalista de producción se parte de la existencia de propietarios capitalistas y de relaciones de intercambio y acumulación; requiere la libertad del capital y del trabajo en condiciones de libertad de intercambio, de libertad y movilidad del capital sobre todo, sólo que estas fuerzas están subordinadas a la acción económica del Estado. Capitalismo de Estado (¡y financiero!) es el actual de la sociedad burguesa, con la producción socializada enormemente extendida, con su regulación de mercados, con el control de la circulación monetaria, con la implementación de los estabilizadores automáticos (seguro de desocupación, pensiones, jubilaciones, salarios mínimos, etc.).

Hay que decir, sin embargo, que esta figura (capitalismo de Estado) no es exclusivamente característica del modo capitalista de producción; bien puede ser una figura socio-productiva de transición entre un sistema y otro, dependiendo de hacia dónde se dirija, si a estabilizar el capitalismo o a abrir paso a una forma socialista, o sea en manos de qué clase esté el poder estatal. ¡Y es así! Después de la etapa del comunismo de guerra en Rusia, Lenín abogó incansablemente ante el partido sobre la necesidad de pasar por una etapa de tal naturaleza como medio de reactivar la economía postrada de Rusia por esa época y al mismo tiempo como forma de sostener las fuerzas principales de la Revolución: al proletariado en unión con el campesinado, que necesitaban paz, pan y trabajo. Era un procedimiento de consolidar el poder proletario del Estado. Se puede apreciar que esto es muy diferente de lo que acontecería a partir de los años 30, y más aún de lo que ya se había estructurado en los años 50.

Es preciso subrayar que esta figura de polos de concentración social es también similar a la que se observa hoy bajo el capitalismo monopolista financiero, que manifiesta, como ya vimos, una tendencia a la concentración única del capital en manos de los capitalistas financieros y opuestos a la masa de trabajadores asalariados. El capital financiero como representante del capital en su conjunto y su cada vez más ostensible concentración y eliminación de rivalidades tiende a parecerse a lo que se produjo en la URSS: un capital único, pero en el que, dentro de su propio seno, surgen fuerzas que le exigen desandar tal camino y volver a recrear las condiciones de la competencia, si no de la etapa primaria como multiplicidad de oferentes y demandante, al menos como monopolios que rivalizan. La competencia es la multiplicidad de los capitalistas, es la relación del capital consigo mismo como otro capital, vale decir, es el comportamiento del capital en cuanto capital. El proceso de producción fundado en el capital despliega la competencia como su ley interna y es la condición de su desarrollo como modo de producción que transforma las fuerzas productivas en propiedad del capital. La competencia es la naturaleza interna del capital, es su determinación esencial que se presenta y se realiza como acción recíproca de la diversidad de capitales entre sí (aun en las condiciones monopolistas como competencia monopolista)

Marx dice “…que es la tendencia interna puesta como necesidad exterior. El Capital existe y sólo puede existir como muchos capitales, por tanto su autodeterminación se presenta como acción recíproca de los mismos entre sí” (K. Marx “Grundrisse” 1972, II, siglo XXI p. 167). La competencia es de modo general, la forma en que los capitalistas hacen que predomine su modo de producción. Por esta razón la burguesía y sus acólitos reaccionan siempre con virulencia contra todo lo que se oponga a aquella y buscan “volver sobre sus pasos” históricos: las guerras productivas y comerciales la fuerza a “concentrarse” y “centralizarse”, a acelerar el proceso de acumulación y arruinar a los competidores sea quitándolos de los mercados sea absorbiéndolos, y como reacción a esta situación exige la “eliminación” de ese momento real por otro de restauración de aquellas antiguas condiciones que ya no pueden volver nunca más pero en las que piensan como un “paraíso perdido” del capital. Su comportamiento de clase se da entre ciclos de euforia concentradora y ciclos de reclamos desconcentradores. Ambos momentos son actuantes pero opuestos y generadores de inestabilidades económicas y políticas. Pero el capital monopolista financiero es la realidad más profunda de su existencia actual y el capital no puede avanzar yendo hacia el capitalismo liberal.

De modo que el capital no sólo no puede pensarse como un capital, sino que es completamente improbable que pueda darse en la realidad como una nueva fase del propio modo capitalista de producción. La URSS ejemplificaría esta dramática verdad:

El capital único estatal poseía el modo de explotación del capital pero sin capitalistas, bajo un modo de producción que no le era propio por lo cual generó un antagonismo social que debía resolverse. Tanto en el caso del monopolismo financiero cuanto del social-estatismo esta contradicción impele a sus clases sociales a una resolución. En el primer caso, monopolismo, Estado, capital financiero, llegado a este cenit lo lleva al borde de una resolución política de carácter completamente opuesto a la concentración monopólica: las fuerzas productivas apremian hacia el cambio de relaciones de producción por caminos asociados o cooperativos. Pero esta solución sólo es posible que se verifique en la realidad como cambios políticos transformados en objetivo conciente de los trabajadores. De lo contrario, en manos de la propia burguesía monopolista financiera la salida será a la burguesa y por ello se convertirá en políticas desesperadas y peligrosas de volver hacia atrás a “recrear” las condiciones de la “sana” economía de la inversión y de la competencia.

En el segundo caso, el de la URSS y el ex – campo socialista, se presentó parecida encrucijada socio-económica a tenor de las relaciones establecidas. A partir de la expropiación de los capitalistas como paso ineludible y necesario, la continuidad en la solución de la encrucijada y su antagonismo consistía en una solución positiva: la creación de relaciones asociadas de producción tales como empresas de propiedad cooperativa y/o empresas de propiedad estatales con gestión autónoma de los trabajadores y políticamente bajo su conducción y dirección como dominadores del Estado y de la sociedad; o bien al no avanzar hacia esa nuevas formas, la propia necesidad intrínseca del capital único le impondría volver a “recrear” las condiciones de la multiplicidad de capitalistas por un lado y mantener la multiplicidad de trabajadores por el otro, reestableciendo el momento jurídico formal del intercambio y la explotación del trabajo, por tanto, hacer estallar hacia atrás tal sistema y poniendo a capitalistas y trabajadores como propietarios “iguales”.

Las discusiones, debates, escritos, etc. a partir de la década del 50 respecto de las categorías económicas y su predominio en el “socialismo real”, el funcionamiento de la “ley” del valor, el papel de los precios, la decisiones de inversión rígidamente centralizadas, la cuestión de la rentabilidad de las empresas, los argumentos sobre la necesidad de un “socialismo de mercado”, etc. pusieron el centro del dilema en las relaciones “mercantiles” y de capital, con lo cual por medio de ellos “hablaba” el Capital y la necesidad de ponerse él como “libre”, móvil, sin obstáculos, y no a los trabajadores como la clave política para la solución socio-económica.¿Qué o quién decidiría este antagonismo? Pues la relación de fuerzas de los antagonistas: los capitalistas ocultos, camuflados, como burocracia ortodoxa partidaria-estatal y los trabajadores, sin fuerza teórica, política y/o sindical para comprender la situación y lo imperioso de luchar por dar un vuelco hacia la izquierda no hacia el capitalismo, o sea construir la salida hacia adelante. Lo que ocurrió fue la salida hacia atrás mediante un gigantesca revolución anticomunista dirigida por los, hasta horas antes, “comunistas fanáticos” que, tal como se evidenció ni eran comunistas ni tampoco eran fanáticos defensores de los trabajadores. Ahí están hoy en la Rusia burguesa ¡exactamente los mismos que constituían la “nomenclatura” y no otros que fueran opositores y “revolucionarios”!

De manera que bajo el caso del monopolismo financiero si no se pugna por un cambio hacia delante derrocando al capital, éste retrocederá y lo hará de cualquier forma, se anunciará así un futuro ominoso: una especie de putrefacción histórico-económica; y en el segundo caso en toda experiencia socialista que avance desde aquel primer paso (expropiación de los capitalistas) sin dar el paso hacia el modo de producción asociado estará acechado por la reacción y la vuelta hacia atrás.

El modo producción asociado

Es posible apreciar, pues, la importancia de abordar la superación de aquella separación con un programa no sólo económico sino y, fundamentalmente, estratégico político. Y aquí se muestra como crucial y notable abordar la cuestión de las formas de propiedad colectiva o el “modo de producción asociado” en su forma específicamente cooperativa, porque en su seno se suprime el antagonismo entre capital y trabajo aun cuando, como no puede ser de otro modo, esta forma productiva deberá transcurrir entre dificultades y conflictos de toda índole. Las formas asociadas o cooperativas deben considerarse, entonces, teóricamente y prácticamente como la modalidad de transición hacia aquél modo asociado de producción y camino seguro de derrocamiento del capitalismo en cualquiera de sus etapas y formas de desarrollo. No es casual que tanto la sociedad burguesa cuanto la burocracia de la ex – URSS vieran en esta forma cooperativa un enemigo a combatir sin cuartel.

No hay que olvidar que, curiosamente, el pensamiento de V.I. Lenín a este respecto fue silenciado a lo largo de toda la vida de la URSS. Lenín tuvo en cuenta esta modalidad de transición y reflexionó sobre ella ya desde la Nueva Política Económica e insistirá siempre en su importancia para la construcción socialista hasta sus últimos días de lucidez, veamos sólo un ejemplo: “… siendo la clase obrera dueña del poder del Estado y perteneciendo a este poder estatal todos los medios de producción, en realidad sólo nos queda la tarea de organizar a la población en cooperativas. Consiguiendo la máxima organización de los trabajadores en cooperativas, llega por sí mismo a su objetivo aquel socialismo que antes despertaba burlas justificadas, sonrisas y una actitud de desprecio por parte de quienes estaban convencidos, y con razón, de la necesidad de la lucha de clases, de lucha por el poder político, etc…debemos comprender …que el régimen social al que en el presente debemos prestar un apoyo extraordinario es el régimen cooperativo” (V.I.Lenín, “Obras escogidas”, Editorial Progreso, Moscú, tomo 3, pp.808-810, “Sobre la cooperación”). Véanse además “Nuestra revolución”*; “Cómo reorganizar la inspección obrera y campesina” y “más vale poco pero bueno”, que constituyen parte de los últimos escritos. No construir este camino, no superar aquella separación llevó a la restauración capitalista, y hasta podríamos decir que volverá a suceder si no se comprenden la importancia y profundidad teórico-práctica de clase de esta solución.

Podrá parecer a esta altura del desarrollo de los acontecimientos políticos y económicos mundiales algo así como una apelación al lirismo o a una utopía ingenua y extravagante. Pero veamos esta vía cooperativa, colectiva o asociada. Si los trabajadores son dueños de sus condiciones objetivas de producción y, bajo formas cooperativas en empresas (el tamaño de las mismas no altera la situación) intercambiarán sus propios productos. Eliminados los capitalistas y la propiedad privada de los medios de producción, la relación productiva asociada significa que:

a) los trabajadores no son ya asalariados;

b) los medios de producción cesan de ser capital, dominadores y opuestos a los trabajadores,

c) los resultados del proceso productivo ya no son mercancías productos del capital, es decir que dejan de ser mercancías capitalistas;

d) el plustrabajo ya no adopta la forma de la ganancia del capital. Los intercambios, pues, ya no serán entre capitalistas entre sí y entre éstos y los trabajadores, con la finalidad de la ganancia.

Para cada empresa podrá ocurrir, entonces, que sus trabajadores deberán reponer en los productos producidos:

1º) el costo de los medios de producción como amortización por el uso de la maquinaria, equipo, etc. de acuerdo a la relación valor/vida útil;

2º) crearán un nuevo valor consistente en la magnitud de su remuneración (ya no salario) + el excedente (ya no ganancia capitalista), pero que les pertenece a ellos mismos como dueños colectivos de los medios de producción, dueños por tanto de los resultados del proceso de producción. Y estos intercambios se darán con empresas del Estado y, si los hubiere, con trabajadores independientes, todo en una red de vinculación mercantil no capitalista. Y esto no es para nada impensable ¡es lo que la experiencia capitalista más desarrollada está ya mostrando hasta el hartazgo! ¡sólo que bajo la forma que le es propia: la del dominio del capital! Elimínese al capitalista ¿y qué queda? No otra cosa que la producción y gestión por parte de la masa de trabajadores con una socialización y tecnología de las más avanzadas, pero con una apropiación en adelante colectiva.

Para concluir digamos que las formas cooperativas o asociadas + poder estatal en manos de trabajadores + formas de propiedad privada personal, tienen en definitiva que constituir la clave de la sociedad socialista y objetivo que no deben ni pueden faltar en las metas y programas de cualquier partido de los trabajadores que se proponga como finalidad superar al capitalismo. Si los trabajadores no se sienten “dueños” de los Mp. si sólo se los tiene por tal en la “representación” partidaria o estatal pero no en los hechos cotidianos no habrá salida real, superadora y el capitalismo tardará mucho más en desaparecer. ¡Propiedad colectiva de los Mp! es el grito de guerra actual ¡Estado de los trabajadores! es el fantasma ominoso de la sociedad burguesa. ¡El socialismo, aún como tránsito histórico, es el gobierno de los trabajadores, por los trabajadores y para los trabajadores! No somos anarquistas no sostenemos éstas consignas como la arenga y la actividad de “la” multitud en la cual cualquier grupo político o de trabajadores pueden hacer lo que les venga en gana ¡No! Será imperativo atender al problema mayúsculo que impondrá a los trabajadores la relación concreta del funcionamiento de la autonomía cooperativa ajustándolo con los fines social generales por medio de la planificación establecida por parte del Estado, y sobre cuyas específicas modalidades todo lo que pueda decirse hoy es irrelevante ya que dependerá siempre de las relaciones de fuerza de las clases involucradas, el estado de las fuerzas productivas, la madurez de los trabajadores y la organización que tengan o de la que carezcan, etc. etc.

Los trabajadores, pues, tendrán que volver a rescatar sus objetivos y sus formas políticas orgánicas para cumplir con aquéllos objetivos; con el poder del Estado en sus manos administrar la libertad y democracia para el pueblo ¡no para los propietarios, no para los burgueses y sus aliados! ¡Sí para los trabajadores asalariados! ¡Sí para los trabajadores que con estos cambios no sólo sellan definitivamente “el derrumbe de las murallas del pasado” sino que abren las “puertas de la historia” en el advenimiento de su propia desaparición como clase!

* Fernando Hugo Azcurra. Economista.
Realizó estudios de postgrado en Historia económica en la facultad de ciencias económicas de la Universidad Nac. de Buenos Aires (UBA)
Se desempeñó como profesor en las facultades de Ciencias Económicas y de Filosofía y Letras de la UBA.
En la actualidad se desempeña como profesor de Historia Económica en el CBC de la UBA.
Ha sido profesor de macroeconomía de la Universidad del Salvador.
Se desempeña como profesor de Historia Económica de la Universidad de Lomas de Zamora.
Profesor de Economía I y Economía II de la Universidad de Luján.
Ha dictado diversos cursos de postgrados. Actualmente está dictando un taller de postgrado sobre Marx y Sraffa en la Univ. De Luján.
Es autor de "Democracia y proceso socialista en Argentina" (1985); "La nueva alianza burguesa en Argentina" (1987); Empresas del Estado y economía en Argentina" (1989); "Marx y la teoría subjetiva del valor" (1993); "Fundamentos de macroeconomía" (2003) y "Capital y excedente" en colaboración con Alejandro Fiorito (2005) y "Teoría macroeconómica" (2006).-

* Descargar Tomo 3 Obras Escogidas, Lenin: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe3/lenin-obras-3-3.pdf

Author: marxismo | Date: | No Comments »

por Fernando Hugo Azcurra

 Marx y Sraffa sobre el excedente (Respuesta a Antonio Mora Plaza)

Dos modalidades de análisis del capitalismo; Sraffa y el Trabajo Fechado; Karl Marx; y Economía y Matemática.

I

Dos modalidades de análisis del capitalismo

Las relaciones económicas en las sociedades que han alcanzado la división de las clases entre trabajadores y propietarios, en las que ha aparecido la división del trabajo, en que  el producto del trabajo se muestra como mercancía, en la que se ha expandido la circulación del dinero, en las que se han producido el  surgimiento de los mercados y el movimiento de los precios, pueden ser examinados desde dos planteos analíticos:

a) la división del producto del trabajo como algo ya dado y que en realidad de lo que se trata es de la apropiación alícuota de los valores de uso suponiendo un tiempo de trabajo constante. Esta concepción conviene más o menos, mutatis mutandis, a todos los modos de producción en los que trabajadores y propietarios de las condiciones de trabajo objetivas forman clases distintas. Por eso es muy fácil captarlas en las formaciones económico-sociales  antiguas correspondientes a las formas esclavas y feudales. Pero también es posible encontrarla bajo el dominio del capital durante sus primeras etapas de transición desde las formas feudales en las que aún no ha penetrado completamente en la producción rural.

Es por ello que Marx nos previene diciendo: “Entre todas las ramas de producción, es en la agricultura, la producción originaria, la que revela de un modo más tangible, más irrefutable, la diferencia entre el valor de la capacidad de trabajo y su valorización, es decir, el plusvalor que la compra de la capacidad de trabajo rinde a quien la emplea. La suma de medios de vida que el trabajador consume año tras año o la masa de materia que consume, es menor que la suma de medios de vida que produce. En la manufactura, no se ve nunca directamente al trabajador producir sus medios de vida ni el excedente sobre ellos. Aquí, el proceso aparece mediado por los actos de compraventa, con los diferentes actos de circulación que le sirven de vehículo, y su comprensión requiere el análisis del valor. Pero en la agricultura podemos observar directamente ese proceso en el excedente de los valores de uso producidos sobre los consumidos por el trabajador, razón por la cual es posible comprenderlo sin necesidad de analizar el valor en general y sin formarse una idea clara acerca de la naturaleza de éste. Lo cual significa que el valor ha sido reducido a valor de uso y éste a la materia producida”. (Marx 1862–63, Vol. I: 46). (K. Marx, “Théories…” cit. Éditions Sociales, 1974, I, pp. 33-34. Teoría sobre la Plusvalía.  FCE, 12, p. 39, 1980)

b) la que corresponde específicamente al modo de producción capitalista en el que la producción se lleva a cabo únicamente sobre la base del valor de cambio entre trabajadores asalariados y empresarios capitalistas, id est, sobre la contraposición entre trabajo objetivado y trabajo vivo. Esta es la única fórmula teórica fecunda. (Cfr. K. Marx, “Théories sur la Plusvalue, Editions Sociales, 1976 – II, p. 164; Teorías sobre la PlusvalíaFCE, 1980, 13, p. 131)

De este modo, pues, se advierte en el desarrollo de la Economía Política dos modalidades de examinar la realidad de la producción de mercancías dominada por el capital, que se corresponden con la evolución histórica del dominio de la producción por el propio capital: i) W. Petty (1623-1687); F. Quesnay (1694-1774) y D. Ricardo (1772-1823), éste último en su “Ensayo sobre la influencia del bajo precio del grano en las ganancias del capital”, conocido como el “Ensayo sobre las ganancias” (1815) (An Essay on the influence of a low Price of corn on the profits of  stocks”),y  ii) A. Smith (1723-1790); D. Ricardo, a partir de la teoría del valor de Smith, y K. Marx (1818-1883).

Sraffa tomará uno de estos dos caminos. En su labor teórica expuesta en “Producción…”  desarrolla una concepción en la que no apela para nada al arsenal teórico y operativo del marginalismo sino que más bien construyó un análisis que lo demolió de manera definitiva. Dirá que “Es necesario volver a la economía política de los fisiócratas, de Smith, Ricardo y Marx. Y se debe proceder en dos direcciones: i) purgar la teoría de todas las dificultades e incongruencias que los economistas clásicos (y Marx) no fueron capaces de superar, y ii) continuar y desarrollar la relevante y verdadera teoría económica tal se venía desarrollando desde Petty, Cantillón, los fisiócratas, Smith, Ricardo, Marx. Este natural y consistente flujo de ideas fue súbitamente interrumpido y sepultado en el fondo; fue invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de un maremoto por la economía marginalista. Tiene que ser rescatada” (citado por Luigi Pasinetti “Continuity and Change in Piero Sraffa´s Thought. An Archival Excursus” pp.10-11).

A pesar de cuánto dice Sraffa  rescatar a Ricardo y apoyarse en Marx, se manifiesta abiertamente en contra de la teoría en que ellos asientan su concepción. Sraffa “…fue un crítico de la teoría del valor trabajo. Esta teoría involucraba, subrayó, una ´corrupción´ de la teoría del valor basada en el concepto de ´costo real físico, que él consideraba como el punto de partida correcto…” (H. Kurz, “Las contribuciones de Sraffa…” Investigación económica, abril-junio 2007, vol. LXVI, Nº 260, México, p.28. Manuscritos de Sraffa D3/12/9:89).

Para él hubo una “gradual transformación de la noción original de costo como conjunto de bienes materiales, a la concepción de una cantidad de sacrificio humano, es decir, la gradual transformación de un punto de vista objetivo a otro subjetivo” (Kurz op.cit. , p. 23).

De modo que desde el inicio mismo de su concepción Sraffa opta por un examen del capitalismo con categorías en las que, precisamente, éste se escapa en sus relaciones específicas con el agregado que examina sólo el proceso de circulación-distribución del mismo y al utilizar la modalidad de las fórmulas ecuacionales matemáticas se separa aún más del carácter socio-histórico de tales relaciones. Más aún, creyendo que este modo de encarar el conocimiento del capitalismo es el correcto y que así se endereza la teoría económica descarrilada por el Ricardo-valor y por Marx, con lo cual se asemeja a lo reclamado por W. Stanley Jevons y su furioso anti-ricardianismo, la Economía está en condiciones de adquirir el status de una ciencia estricta que es su objetivo teórico central y decisivo. Se ubica así en una corriente iniciada por L.M.E. Walras (1834-1910), el ruso Dmitriev, quien elaboró una versión matemática de Ricardo, y continuada por Bortkiewicz, von Charasoff,  Okishio, von Neumann, Leontieff, Morishima, entre otros, en los cuales el predominio del pensar matemático de las relaciones económicas es lo característico como sinónimo de ciencia. 

“Piero Sraffa me impresionó (en el período 1937-1940) con su convicción de que era perfectamente posible, aunque difícil, transformar una teoría de la economía política en una ciencia exacta, basada en una precisión absoluta de conceptos –por difícil que fuera acercarnos a ello en el trabajo empírico- que pudiera manejarse con tanta eficacia como los instrumentos de un cirujano o de un soldador, para diseccionar o desmantelar, y luego volver a montar las interconexiones ´invisibles´ del proceso económico” (Cfr. Arum Bose, “Economía política marxiana y postmarxiana”, Madrid, Alianza 1975; pp.13-14).

Ni funciones de producción marginalistas ni teoría del valor trabajo ricardo-marxiana pues. Una vez retomado el camino verdadero, según Sraffa, quedan los precios, el excedente y su distribución, como el objeto de la economía como ciencia natural en el mismo nivel, o muy cerca, de las ciencias tradicionalmente así concebidas (física, química, astronomía, fisiología, etc.) eliminando toda contaminación sociológica, histórica y política (?). El estudio del plusproducto (excedente) es el verdadero objeto de la economía, sostenía Sraffa, con lo cual se encaminó hacia Quesnay y Ricardo, pero no a Marx porque consideraba como “…una pura concepción mística la que atribuye al trabajo un don especial de determinar valor”  (H. D. Kurz, “Las contribuciones de Sraffa a la economía: algunas notas sobre sus trabajos inéditos”, Investigación Económica, Abril-Junio, vol. LXVI Nº 260, UNAM, 2007). Sraffa  se desentiende de analizar el capital desde esta relación de producción –trabajo vivo/trabajo objetivado- y sólo atiende a la masa de mercancías que se realizan en los mercados y la distribución de ellas como unidades físicas –valores de uso.

Es posible advertir, con lo brevemente expuesto hasta aquí, que Sraffa no se propuso como objetivo teórico sólo refutar al marginalismo sino también a Ricardo y a Marx, buscando establecer nuevas bases para una rectificación y renovación de la Economía teórica alejada de ambas concepciones: primero del marginalismo, como economía sin teoría del valor ni del excedente; segundo de Marx, con su teoría del valor-trabajo y el plusvalor, desplazándolas por una teoría del excedente pero sin teoría del valor-trabajo. Sraffa se propuso un ambicioso proyecto teórico que, como vemos, va mucho más allá de establecer las premisas para una crítica del marginalismo, el subtítulo de su opus magna “Preludio a una crítica de la teoría económica” no debe ser leída como si se refiriera sólo al marginalismo.

No es casual, pues, que  Mora Plaza, esté inadvertidamente de acuerdo con lo anterior tal como sus mismas palabras lo atestiguan“… el doble abismo por el que se mueve Sraffa. Por una lado ataca la teoría del capital y el marginalismo, pero por otro su no aceptación del modelo marxiano –y en especial, creo yo, de la teoría de los precios del alemán- le fuerzan a crear un nuevo modelo a partir de Ricardo”. Claro que el Ricardo al que alude es el del “Ensayo sobre las ganancias” y no del “Principios de Economía Política y Tributación”. Mora Plaza debería  ir a fondo en esta línea para llegar en profundidad al pensamiento epistemológico de Sraffa y creo que G. Lunghini acierta cuando dice que “El contexto de la reflexión teórico-crítica de Sraffa es, sencillamente, la historia íntegra de la alta teoría económica, es decir, la historia de las teorías del valor y de la distribución” (G. Lunghini, “Sraffa e il contesto”, Ponencia en el Convenio internacional Piero Sraffa 11-12 de febrero 2003).

Pero además con lo anterior se vuelve obligatorio señalar, no que Mora Plaza afirma que con Sraffa la economía alcanza un status de ciencia estricta cual ciencia natural sino que esto es lo que Sraffa se propuso;  que lo haya conseguido, bueno, ese es uno de los temas que estamos debatiendo. Lo que es decididamente erróneo de parte de Mora Plaza, consiste en considerar que quien creyó haber hecho tal cosa fue Marx: jamás lo dijo, y jamás lo pretendió. Lo que sí sostuvo siempre, es que la Economía Política debía aspirar a ser tan precisa como las ciencias naturales con lo cual él pensaba que estaba contribuyendo a que adquiriera tal status, a tal punto que llegó afirmar el que toda disciplina científica llegada a su madurez debía utilizar la matemática como un lenguaje de expresión de las relaciones, por eso consultó con un jurista y matemático de su entorno (Samuel Moore, 1830-1912) sobre si se podía tomar series estadísticas de precios, discount rate, etc. y sus fluctuaciones anuales, para “deducir” el comportamiento cíclico de las crisis industriales, éste lo disuadió por la enorme complejidad del problema para esa época.

Su labor se desplegó, pues,  como “Crítica de la Economía Política”, teoría que en su tiempo estaba dominada por la explicación burguesa aceptando y justificando el capital, las ganancias y la explotación del trabajo asalariado como “datos naturales”; no está demás ,sin embargo, el recordar que la obra de Marx quedó inconclusa de manera que considerar que Marx elaboró un “modelo cerrado” en el que no se puede “meter la cuña de la creación” es una lectura equivocada y además una injusticia intelectual para con Marx. Lo que hayan hecho sus seguidores con su teoría es responsabilidad de ellos y no del creador; claro es que la marxología soviética y los numerosos Partidos Comunistas hicieron con Marx lo que los discípulos de Aristóteles con su obra: la desvirtuaron hasta volverla ininteligible y apta para todo tipo de censura ¿no pasó (¡pasa aún!) lo mismo con Keynes acaso? Sucede esto siempre  con todo gran pensador.

Entiendo, entonces, que la afirmación  de Mora Plaza “Sraffa trata de refutar a Marshall, Walras, a los austríacos, pero no a Marx” no se ajusta a los objetivos más profundos del plan teórico de Sraffa y a los que él se dedicó con ahínco tal como lo demuestran los escasos documentos probatorios, los cuales de todos modos no son imprescindibles porque la propia “Producción…” muestra cabalmente lo que aquí sostenemos. Sraffa trabajó para construir una nueva concepción de la Economía o de la teoría económica y no es para nada llamativo que no utilizara el término Economía Política porque para él “política” era una indebida contaminación de niveles “sociológicos” o institucionales en el análisis económico de los cuales la Economía debía desprenderse. Esta falla lógica y epistemológica de Sraffa (y de los sraffianos) consiste en creer que abstraer es analizar y matematizar es determinar con rigurosidad. Lo específico de la economía como ciencia socio-histórica es eliminada ab-initio, por eso esta teoría sraffiana es alabada por muchos sraffianos como aplicable a cualquier sociedad (!), o sea lo que es precisamente su defecto se ensalza como su virtud, lo abstracto-metafísico por encima de lo concreto-científico. ¡Ironías de la lógica!

Insiste en subrayar  Mora Plaza que Sraffa parte de “la” realidad y dice: 1º) “La realidad como tal, sabemos que es inasible, eso lo damos por descontado y no ha sido necesario que Kant distinguiera entre el fenómeno y el nóumeno para saberlo”; 2º) “Sraffa parte de la misma realidad de la que parte Leontieff con sus tablas input-output…realidad que es siempre un agregado de cosas que tienen un cierto grado de homogeneidad”; 3º) “… la matriz de datos que emplea Sraffa …es la misma que emplea Leontieff. A eso me refiero con realismo”.  

Da para el asombro el creer lo que Mora Plaza considera como “realismo”: ¡Una matriz de datos! ¿Lo que él mismo define como un “instrumento”  es sinónimo de “realidad”? “Sraffa parte de la misma realidad de la que parte Leontieff con sus tablas input-output”, realidad que es “un agregado de cosas que tienen un cierto grado de homogeneidad”, pero al mismo tiempo afirma que “no se ha inventado nada más cercano a la realidad que una tabla de Leontieff, ni existe instrumento mejor para indagar con posibles variaciones de… etc.”  Pero entonces ¿que es “la” realidad? ¿Matriz de datos o instrumento?  Mora Plaza podrá decir ¡las dos cosas!  Pues entonces vamos de Guatemala a Guatepeor, porque esta transubstanciación de lo real social en matriz-instrumento como realidad es una completa transformación metafísica en la que el sujeto (la sociedad burguesa del capital) queda evaporada en una cosa-instrumento como lo auténtico real, así el predicado abstracto ocupa aquél lugar y lo real es su alegoría, ejemplo o predicado  de su predicado. El capitalismo se ha volatilizado como objeto de conocimiento y en su lugar tenemos “cosas”, “instrumentos”, “agregados” y “desagregados”.

¿Se sentirá expresado Mora Plaza por la siguiente  posición de un economista vulgar menor  argentino? “En otros términos, las ecuaciones y los gráficos son una representación mental utilizando la cual entre colegas hablamos eficientemente de realidades(J.C. De Pablo, “Macroeconomía”, FCE, 1991, p. 202). Parece una cuestión sin importancia: sabemos que ecuaciones y gráficos “son una representación mental” pero para nosotros economistas son ¿qué? ¡realidades! Sin embargo no sólo no es poco importante sino que es central para el conocimiento analítico económico no perder nunca el sujeto real que siempre está fuera del pensamiento, reemplazándolo por abstracciones que por lo demás nunca son vacías.

Y a propósito de la mención que hace Mora Plaza de Kant y a su teoría del conocimiento filosófico sobre esta cuestión. Sólo a título de recordación, es preciso señalar que esta división kantiana no es de su invención, es una de las características de la filosofía griega que nos llega como mínimo desde Sócrates desarrollada por Platón pasando por la filosofía helenística y la escolástica medieval: mundo sensible y mundo inteligible es la escisión, el primero dominio del saber efímero (δόξα, opinión), el segundo dominio de la episteme (έπίστήμη,  ciencia) cuyo objeto es trascendente, eterno, puesto que es el mundo de las Ideas (Platón).  Kant para obtener una vacante de profesor ordinario en la Universidad de Königsberg en 1770 escribió su conocida Disertación “De Mundi sensibilis atque intelligibilis forma et Principis” en donde como es posible ver se encuentra la citada escisión tomada de los griegos. Descuento que esto Mora Plaza lo conoce. Así es que desde hace 2.500 años en ciencia y filosofía se sabe distinguir entre un hecho y su manifestación, entre lo que es distinguiéndolo de cómo se muestra al conocimiento, porque sucede que la manifestación no muestra sino que oculta o falsea el fundamento sobre el que descansa por así decir, cuando no se muestra como lo opuesto,  de modo que si para Mora Plaza la realidad es la mostración de lo sensible a la intuición ésta no plantearía  dificultades ni exigiría explicaciones legales de su ser y de su movimiento, no habría necesidad de “intellegire” (comprender, conocer metódico), o sea penetrar las formas del aparecer para explicarlas por medio de un saber sobre la ley que regula y da sentido al objeto bajo conocimiento. No creo esto de Mora Plaza pero me atengo a lo que él escribe.  De modo que podría conceder que “la realidad como tal  sabemos que es inasible…”, pero no que sea incomprehensible, nada hay que pueda oponerse a la potencia del conocimiento, sólo su grado de evolución histórica ya que también el mismo es fruto de los avatares del hombre en su apropiarse de la naturaleza y desarrollarse sobre esa base.

Es por eso que Marx nos recuerda que “El hecho de que en su manifestación las cosas (los hechos F.H.A.),  a menudo se presentan invertidas, es bastante conocido en todas las ciencias, salvo en la Economía Política”. (Das Kapital, I; 2, p. 654 y p. 660 in fine), agregando  además que “El economista burgués, cuyo limitado cerebro no puede separar la forma de manifestación de lo que en ella se manifiesta…” (Ídem, p. 698), como puedes apreciar Antonio , “la realidad” no es tan simple ni directa que permita una captación inmediata por intuición intelectual mediada en este caso por “matrices”; “tablas”; “fórmulas”, etc. como un reflejo mental de lo que se muestra y para colmo tomadas éstas como “la” realidad. J.M. Keynes era cauto en cuanto a esto cuando decía al respecto: “Personalmente no doy mucho valor a las manipulaciones de esta clase (matemáticas F.H.A)… ya que implican tantos supuestos tácitos respecto de qué variables se consideran independientes (olvidando las diferencias parciales por completo) como se hacen en el razonamiento ordinario, y al mismo tiempo dudo que pueda llevarnos más lejos que este último” (J.M. Keynes, “Teoría general…”, FCE, 1965, p. 271, énfasis mío FHA).

II

Sraffa y el Trabajo Fechado

Vayamos ahora a la cuestión del trabajo fechado. Consistente con la modalidad de Sraffa de establecer una teoría “general” de la economía apoyándose en el formalismo matemático al examinar la composición de los precios y su “resolución” en salarios y ganancias realiza una “operación” por la cual en la “ecuación de una mercancía” los diferentes medios de producción que se usan son reemplazados por una serie de  “cantidades de trabajo, cada una de las cuales lleva su “fecha” adecuada” (“Producción….” P.57), Sraffa adopta un camino analítico que lo lleva a trabajar con un concepto a-histórico de capital que no va más allá de lo que ya había afirmado A. Smith: “Trabajo acumulado, empleado en la producción de nuevo trabajo” (“accumulated labour employed in the production of new labour”; A. Smith, “Riqueza de las Naciones…”, FCE, p. 309, 1958), o sea que el capital es concebido un mero instrumento de trabajo como Mora Plaza mismo lo ha escrito en su nota: de manera que a-historicidad y materialidad inmediata son sus características básicas en este caso, el capital es, como ya lo dijera en mi nota anterior, un medio “naturalizado” que se lo encuentra en todo tipo de sociedad.

Sraffa  tiene todo el derecho del mundo a hacer el tipo de análisis que considere pertinente a sus objetivos, lo que no puede exigir, y sus seguidores tampoco,  es que por ese derecho se lo considere apto para conocer el funcionamiento del capitalismo y la formación de los precios. Desde este punto de vista no es ni falso ni descabellado decir que el capital son medios de producción, que es trabajo pasado. Pero desde la lógica histórica es un grave error conceptual surgido de la pretensión de generalidad sin sujetos sociales, instituciones, ni relaciones socio-económicas históricamente “fechadas” en términos de diferentes sociedades. Así  incluso hasta un simio sería capitalista o empresario cuando utiliza una rama para golpear un árbol y hacer que caiga un fruto ya que utiliza un medio (rama) que a él le “produce” un resultado (fruto) y así satisfacer su necesidad. Aquí está ya enterita la concepción burguesa del capital. Con lo cual Sraffa que elabora una “”crítica demoledora a la teoría del capital neoclásica” no se apoya en la teoría del capital de Marx sino en la de Smith-Ricardo. Pero es inaceptable considerar que el concepto de capital de Marx no es incompatible con el de Sraffa basado éste en el cálculo aritmético como suma “ponderada de los medios de producción utilizados en el pasado”.  En Marx el capital es una relación social de producción no una cosa, en Sraffa es precisamente una “cosa”, “medio de producción” o “instrumento” resultado de un trabajo anterior,  característica ésta de la Economía burguesa hasta hoy.

No se trata entonces de que yo censure a Sraffa porque no dice lo que dice Marx; no es cuestión de aspectos subjetivos sino claramente “objetivos”, no es ese el motivo de mi comentario sobre este tema.  Claro es que todo lo producido en las sociedades es resultado del trabajo ¿qué sociedad se sostendría si no trabajara o si al menos una parte de ella no lo hiciera para sostener el todo? Es precisamente esta la cuestión: ¿el trabajo colectivo de sociedades primitivas es igual al trabajo esclavo? Y ¿el trabajo esclavo es igual al trabajo servil-feudal? Y ¿el trabajo servil-feudal es igual al trabajo asalariado? ¡Ah sí, todos son trabajos! ¡Por supuesto! Si se elimina todo aquello que lo diferencia ¿qué queda? Pues el  que todos son trabajos pasado, fechado, acumulado (esto es abstraer no analizar); es muy cómodo hacer una fórmula supuestamente “general” para resolver qué problema ¿el de la humanidad? ¿Cuál?: ¿El de que todo lo que se produce es resultado de un trabajo anterior? ¿Se necesita fórmula alguna para esto?, es un recurso matemático cuyo fin es demoler la productividad del capital del marginalismo ¿a costa de volatilizar el concepto específico de capital?

Lo curioso es que precisamente la apropiación de la naturaleza por el hombre no se hace desde la “humanidad-una”, permítaseme la expresión, enfrentada a metabolizar su vida con la naturaleza. Sí es indiscutible que todas las sociedades deben trabajar, pero lo decisivo es en qué condiciones objetivas  y subjetivas específicas se lleva a cabo esto,  ya que no es lo mismo el trabajo colectivo que el trabajo privado, el trabajo esclavo que el trabajo asalariado. No tener en cuenta esto, entonces, es “navegar” fuera de la historia, es concebir así el capital no cómo una modalidad histórico-social de relaciones de clases sino como “cosa”, y esto le viene muy bien a la burguesía y sus teóricos para su difusión ideológica.  Y me adelanto a algo que pudiera dar a pensar de modo incorrecto ¿entonces está prohibido apelar al arsenal matemático para pensar  con consistencia? ¡De ninguna manera! Lo que planteo es esto ¿Está reñido usar el arsenal matemático dentro de las relaciones específicas? ¿De dónde surge que sólo serían válidas las fórmulas para eliminar lo característico del sujeto bajo análisis para, supuestamente, alcanzar un saber “general”,  tomando este término como sinónimo de ir a lo “común” de las cosas y fenómenos más allá de todo carácter distintivo?  Esta posición es la que censuro porque no corresponde a nuestra disciplina que NO es una ciencia natural sino socio-histórica. En nuestra disciplina es fundamental reconocer la lógica específica del objeto específico ya que no hay leyes “universales” para comprender “al hombre”; hay leyes históricas de cada tipo particular de relaciones de producción en las sociedades en las que los individuos se aúnan en clases. La obra del  historiador inglés Arnold J. Toynbee  “Estudio de la Historia” es una muestra cabal de la esterilidad de la pretensión de dar con leyes “generales” o conocimientos universales para comprender la sociedad. 

Para los economistas “cientificistas” siempre hay que eliminar de nuestra disciplina aquello que precisamente la distingue de las disciplinas naturales para “acercarse” a ellas bajo sus mismas condiciones: medición, cantidad, precisión, exactitud matemática, etc. Esto es un error muy grande como para dejar que pase inadvertido o subestimado. Es una cuestión discutible lo que Mora Plaza dice: deberá  aceptarse “que las mal llamadas ciencias sociales (¿por qué mal llamadas?) sólo pueden recibir un tratamiento teorético por medio de modelos”, porque este procedimiento es justamente el erróneo, tal como entiendo que Mora lo concibe, se trata de “modelos” genéricos que por su modalidad deben forzosamente dejar a un lado las llamadas “contingencias” y “perturbaciones” para ir a lo “general” de las relaciones de cantidad. Modelos, matemática, fórmulas, consistencia formal ¡sí! Especificidad, problemas reales, sujetos sociales, relevancia real ¡también! M. Kalecki (1899-1970) sería el ejemplo adecuado de lo anterior. Una pura demostración matemática para resolver sistemas formales no es demostración científica.

Es cierto, Sraffa concedió siempre mayor importancia a la teoría económica que a la formulación matemática para resolver los problemas, pero es su modo de hacerlo lo que no me parece convincente: la estructura principal de su pensamiento es matemático aunque él hubiera sido precavido y, más aún, dijera algo muy interesante que intuía podría derivar en un desbarranque de su obra: “Nuestra metafísica, de hecho, está incorporada en nuestra técnica; existe un peligro en esto, y es que cuando hemos tenido éxito en dominar una técnica, nos exponemos a ser dominados por ella” . Lo que Sraffa denomina técnica es una forma de referirse al formalismo matemático. Este peligro se volvió realidad para la corriente sraffiana. Un ejemplo lo puede dar Gary Mongiovi, cuando según él,  la irresolución del problema de la determinación de los precios a partir del valor, “Ricardo y Marx, sin embargo, confrontaron el problema mucho antes que la ciencia económica se volviera una disciplina matemática; tenían que buscar de todas formas una solución”. (G. Mongiovi, “Notes on exploitation and the Theory o Value in Marxian Economics” St John´s University, Jamaica, New York 11439 (USA) Coloquio Sraffa 1960-2010, Roma Diciembre 2-4, 2010). J.M. Keynes se mostró mucho más sensato cuando sin haber leído jamás a Marx afirmó, siendo él mismo un matemático de fuste: “Una parte demasiado grande de la economía “matemática” reciente es una simple elucubración, tan imprecisa como los supuestos originales que la sustentan, que permite al autor perder de vista las complejidades e interdependencias del mundo real en un laberinto de símbolos presuntuosos e inútiles”, énfasis mío F.H.A.  (J.M. Keynes, “Teoría general…” op.cit, p. 264).

III

Karl Marx

El valor es el “… fundamento general abstracto sobre el que descansa el sistema burgués” (K. Marx, “Teorías sobre la Plusvalía” FCE, 12; p. 79).

“… por último, Ricardo se interpone y le grita a la ciencia: ¡Alto! La base, el punto de partida de la fisiología del sistema burgués – de la inteligibilidad de sus relaciones internas y de su proceso fisiológico- es la determinación del valor por el tiempo de trabajo” (K. Marx, “Teorías…” 13, p. 146)

Los dos primeros capítulos de “Principios de Economía Política y Tributación” contienen toda la obra teórica de Ricardo ya que “…exponen todo el sistema económico burgués como sometido a una ley fundamental, destilando la quintaesencia, a partir de la dispersión y de la variedad de los fenómenos”  (K. Marx, “Teorías…” 13, p. 149)

Para Marx el problema (άπορία; Aporía) central, vital, de la economía como ciencia es la de alcanzar el conocimiento de las leyes que rigen el proceso de la producción de mercancías bajo el dominio de esa “cosa” que se llama capital. Arranca epistemológicamente de recurrir a un principio explicativo central que, en su lógica, unifica la totalidad del resto de “aporías”  del cual se desprenderán éstas: la ley del valor, sustentado en el análisis de la mercancía como su soporte material. Hará una filogénesis del valor examinando la evolución de la producción de mercancías, por tanto aquí un nuevo planteo aporético: mercancía y dinero. El desarrollo de la producción mercantil hasta dar cima y culminación en el dinero como su forma de expresión intrínseca y necesaria. Y como la base real es el proceso de producción, y no hay proceso tal sin actividad humana, laboral, se descubre el centro en el trabajo y sus resultados. Así Marx irá desde este examen inicial hasta las formas más desarrolladas del proceso mercantil: hasta el cambio mercantil del capitalismo que presenta nuevas concatenaciones, la transformación del dinero en capital por ejemplo, y nuevas “aporías”. (Ver Grundrisse, II, Siglo XXI, p.315).

En honor de la brevedad diremos que el planteo de Marx y su crítica (investigación) del capital es el siguiente: Un primer nivel abstracto de conocimiento que contiene dos momentos analíticos fundamentales, el de la mercancía y sus teorías, del valor una y del dinero la otra; del plusvalor, del salario y de la acumulación, y el del capital en general (individual y social) y sus teorías del ciclo del capital y el de la reproducción del capital. Un segundo nivel concreto (racional), cuyo momento analítico es el movimiento real del capital social (producción capitalista y sus mercados) con las teorías de la ganancia, de los precios, del interés y de la renta.  Su lógica analítico-dialéctica, esto es el tratamiento de las oposiciones en el proceso real, su contraposición y movimientos, se desenvuelve de este modo:

I – Análisis abstracto: Trabajo a producto del trabajo - valor de uso a cambio - mercancía a trabajo abstracto a valor a valor de cambio - dinero - capital - capital “en general” (plusvalor, salario, acumulación).

II – Análisis concreto: Producción capitalista - precios de producción - (ganancia, interés, renta) - precios de mercado.

Entre uno y otro nivel del análisis se planteará, pues, el punto crucial de resolver el cómo pasar de los valores a precios de producción ya que el cambio capitalista se hace en términos de éstos y no de aquellos: y aquí surgió el debatido, hasta hoy, “problema de la transformación”, que según la crítica económica sraffiana no fue finalmente  resuelto por Marx.

¿Cuál era la tarea analítica operativa que debía encarar Marx a partir de tal principio central? Pues debía llevar ese principio explicativo a la resolución de las siguientes aporías surgidas precisamente de sostener el mismo:

1º)  a) ¿Qué relación específica  existe entre valor y trabajo?

       b) ¿A qué se debe que el trabajo se represente como valor?

       c) ¿Por qué el producto del trabajo como mercancía se representa en la magnitud de valor    siendo el tiempo de trabajo su medida?

2º) ¿Cómo desarrollar sobre la base del tiempo de trabajo como medida inmanente de valor, el origen del salario del trabajador?

3º) ¿Cómo es que el proceso de producción sobre la base del valor determinado sólo por el tiempo de trabajo, conduce al resultado que el valor del trabajo sea inferior al valor de su producto?

4º) ¿Por qué, sobre la base del valor reducido a tiempo de trabajo social, general, el nuevo valor compuesto por salarios (w), ganancias (g), renta (R) e interés (i), o sea (V + Pv), puede adquirir el valor del producto que se compone de w + g + R + i + c, siendo c = capital constante y resumido en términos de su estructura de valor: c + v + Pv.

5º) ¿Cómo explicar que aunque la repetición del proceso de producción (ciclo) y la velocidad de tal repetición (rotación), no crean valor, sin embargo intervienen como momento de la creación de valor?

6º) ¿Por qué valor y precio difieren?  ¿Por qué el valor medido por el tiempo de trabajo no es al mismo tiempo medida de los precios en el capitalismo? O bien, ¿Cómo se forma sobre la base del valor un precio mercantil de producción diferente de aquél?

7º) ¿Cómo es posible que mercancías que no contienen trabajo  pueden tener valor, o bien por qué los recursos naturales (simples fuerzas de la naturaleza) tienen valor?

Encontramos así el “plan” del objetivo teórico de Marx: responder a cada uno de las aporías planteadas por la ley del valor, lo cual significaría alcanzar el conocimiento racional de la verdadera fisiología de la sociedad burguesa y de sus actores principales, con lo que se entendería cuál es la relación entre el movimiento aparente y el movimiento real del sistema del capital.

Imagino que estoy sometiendo la paciencia del lector a una dura prueba, pero he creído necesario tal exposición para que teniéndola en cuenta se pueda apreciar, a) que, contrariamente a lo sostenido por los sraffianos, sobre todo a partir de la lectura de Marx hecha por Garegnani, la ley del valor o la teoría del valor-trabajo (como ahora se la conoce) no cumple la función de ser un mero instrumento de medida fallido en su obra. La ley del valor es más como se puede ver, mucho más; b) La secuencia lógica de toda la obra es consistente; como no puede ser de otro modo, hay lagunas, carencias, etc. pero su extensión explicativa no puede reducirse, como hace Garegnani,  a una cuestión “técnica”; c) ¿Qué tiene de metafísica esta labor de Marx al intentar dar con una explicación de los precios a partir del valor? Podrá ser defectuosa, deficiente,  errónea, un equívoco de Marx , ¿pero metafísica? Esa afirmación de parte de Mora Plaza suena más bien a una pura afirmación que carece de evidencia textual y analítica. Bueno, a menos que él tenga una interpretación particular de lo que es “metafísica” que yo desconozco.  

IV

Economía y Matemática

Terminaré esta nota diciendo que coincido con Mora Plaza en que “… para nada la matematización de una teoría o modelo le da aquella o a éste marchamo de conocimiento científico, ni siquiera de conocimiento. Tampoco debe ser un obstáculo”.

Sólo que el recurrir constantemente por parte de una gran porción de economistas al arsenal del lenguaje matemático ha dado lugar a cierto imperialismo algebraico en nuestra disciplina; cuando esto se afirma nunca falta la apelación a esa tan conocida y difundida expresión de que los “economistas literarios (expresión despectiva usada por V. Pareto) se refugian en las divagaciones metafísicas por no dominar las matemáticas”;  como contrapartida podría decirse de los economistas matemáticos que abusan de las matemáticas porque de esa manera evitan el esfuerzo de la teoría exigido por el análisis socio-histórico riguroso de la realidad del modo capitalista de producción, en definitiva les es  más cómodo y fácil recurrir a las fórmulas y ecuaciones sin ton ni son que imponerse el esfuerzo del concepto. “Lo que importa en el estudio de la ciencia es el asumir el esfuerzo del concepto” (G.F.Hegel, “Fenomenología del Espítitu”, FCE, 1966, p. 39,), y agrego para abundar : “La excesiva concisión que resulta del poner en forma de ecuación y el equívoco del signo, conforme al cual relaciones de causa a efecto inversas y sucesivas, se pueden leer en ambos sentidos, hace que el poner en forma de ecuación se parezca más a un artefacto lógico inadecuado y tanto más peligroso de manejar cuanto que su empleo a menudo ahorra a los investigadores el esfuerzo de pensamiento necesario para producir una demostración explícita y válida” (Bertrand Nogaro, “La méthode de l´économie politique”, París, 1950, p. 216)

La atracción que ejerce el lenguaje matemático para el economista,  consiste en que facilita con rapidez y sencillez, la obtención de las conclusiones que implícitamente integran o se encuentran en las premisas de las cuales han partido en el planteo problemático, ya que la capacidad de deducir mediante el razonamiento lógico normal es incomparablemente más débil que con el lenguaje matemático. Es éste un enorme peligro y no porque pueda advertirse algún error, ya que la matemática no elimina la posibilidad del error, sino porque hace adoptar una modalidad de pensar no sólo de calcular y obtener resultados precisos. El razonamiento teórico, el concepto, es anulado y reemplazado por la deducción matemática, el cálculo, y la búsqueda afanosa del resultado que exige la fórmula y no el del problema real.  Esto último sucede porque el valor de las conclusiones que se logran por este procedimiento depende estrictamente del valor de las premisas. La mayor parte de las veces las premisas están viciadas cuando no son directamente falsas o vacías, llegando en oportunidades a constituir sólo un “acto de fe”. ¡Creo en ellas y eso es todo!

Esta seducción del recurrir preponderantemente y primordialmente a las matemáticas en la Economía Política, se basa en que: 1º) simplifica los problemas a resolver; 2º) deduce con rapidez; 3º) generaliza conclusiones; 4º) demuestra con exactitud numérica. Esto es un reduccionismo del análisis económico cuando se eliminan los sujetos sociales reales que constituyen el soporte de las relaciones a estudiar siendo reemplazados por puras relaciones cuantitativas. Peripatos en el reino de la riqueza del álgebra pero en medio de la indigencia del análisis histórico-económico real. ¿Es un acaso un lamentable olvido que Sraffa no sea citado, mencionado o al que no se pueda apelar en medio de esta crisis del capitalismo actual? Sraffa no tiene nada para decirnos desde su teoría “general” del excedente.

Podríamos decir, para concluir la nota, que  sólo poniendo el conflicto de los “modelos” matemáticos y sus supuestos e hipótesis ad-hoc por encima del  conflicto de las relaciones sociales reales, que son su fundamento oculto, se podrá pretender el transformar la economía política en una ciencia positiva, general, cual ciencia natural estricta. Y cuando digo esto pienso en Pasinetti, por quien tengo una enorme admiración y respeto;  denodadamente ha buscado oponer a los “modelos de intercambio puro” del marginalismo, “modelos de producción puro” antineoclásicos, separando el momento “riguroso” formal  (esto sería estrictamente lo científico) del institucional (esto sería para ver el momento de la “relevancia empírica” de lo anterior);  (Vid, “Cambio estructural y crecimiento económico”, Ediciones Pirámide, Madrid, 1984). Esto es lo que yo llamo pensar la economía desde la matemática y no que ésta esté al servicio de aquella.

Publicado en Kaos en La Red

Marx y Sraffa sobre el excedente

http://www.nuevatribuna.es/opinion/autor/2012-01-21/-marx-y-sraffa-sobre-el-excedente/2012012110293800955.html

Quizás también le interese:

Author: marxismo | Date: 23/01/2012 | No Comments »

image

Luis Emilio Recabarren

El Socialista,Antofagasta 13/07/1919

¿A quiénes dañan los que nos combaten y calumnian? Solo dañan a los más pobres
           En todos los tiempos ha habido bribones e ignorantes y tontos, que se ocupan en hablar contra de la organización obrera, contra el socialismo, contra los llamados agitadores o directores del movimiento obrero.
            Y lo curioso es que algunos de esa gente que habla, como papagayos, a tontas y a locas contra nosotros, se figuran que nos hacen algún daño. Analicen  los hechos.
            Y todos los obreros juiciosos que lean estas líneas, aprovéchenlas para repetirlas si las consideran atinadas.

              La organización obrera se forma siempre, en primer lugar con los obreros más sanos, con los que se van emancipando de los vicios, con los que despiertan mejor su inteligencia, con los obreros que generalmente son los más capaces para ganarse la vida, y que son los menos explotados. Bien. Todos nuestros compañeros reconocerán que esta es una verdad.

           Los que no vienen a la organización son los viciosos, los degenerados, los más pobres, los que sufren más por sus vicios y por su pobreza. Como la organización obrera es una fuerza de perfección que saca al obrero del vicio, que lo regenera, que lo hace valiente, que le desarrolla su inteligencia, que le hace digno, superior, que lo hace poderoso, al unirlo con sus demás hermanos, que lo libra de la miseria más vergonzosa, que lo moraliza; los obreros que tardan en llegar a la organización tardan en adquirir o asimilar todos estos beneficios morales y materiales de que van gozando los asociados a medida que progresa la organización.

                  Cuando se desarrolla la propaganda en contra de la organización; en contra del socialismo, se hace para afirmar la vida de la ignorancia, del vicio, para prolongar la degeneración social de los obreros, para prolongar la situación de vicios y de miserias de los más desgraciados de nuestros compañeros de trabajo. A nosotros no nos hacen ningún daño. Pocos o muchos, siempre trabajamos en mejores condiciones que la mayoría de los que sufren. Hacemos siempre la propaganda, sea entre muchos o entre pocos.

                     La prensa obrera vive siempre, con muchos o con pocos lectores, el esfuerzo de los que aman la causa del pueblo se desarrolla para hacer vivir de todos modos nuestra prensa obrera. Cuando nos calumnian, cuando nos combaten, solo consiguen alejar de nosotros a los más pobres de inteligencia, a los que sufren más los rigores de la miseria y de los vicios, y entonces es a ellos, es a los más pobres a quienes dañan porque le afirman su situación de esclavitud.
Cuando nos desprestigian retardan el crecimiento de la organización y con ello solo consiguen retardar el sufrimiento de los más infelices.


                      Algunos de los que combaten la organización solo son pobres de inteligencia, ignorantes y viciosos, incapaces de comprender sus beneficios, y solo lo hacen por adular a sus jefes sin comprender el alcance maléfico de su acción. Pero hay otros, los bribones, los malos, que saben muy bien que el daño se lo hacen a los más pobres, cuando nos combaten a nosotros; saben que el vicioso continuará sumergido en el vicio, que el pobre se pudrirá en la miseria, y con eso se conforman y nos combaten y nos calumnian, para que el pobre nunca alcance los beneficios de la organización.
La mala propaganda no nos daña a nosotros, daña solamente a los más pobres: precisamente a los que más nos empeñamos en sacar de la miseria y de los vicios. Si se observa nuestra vida a través de los años, se verá claramente que siempre hemos triunfado a pesar de todas las calumnias.

                       Si es esta la verdad, hablen nuestros compañeros en todas partes estas verdades, para que los que más sufran la explotación, vean que es a ellos a quienes les daña la propaganda que se hace contra la organización, contra el socialismo, contra nosotros.

Luis E. Recabarren S.

Author: marxismo | Date: 18/01/2012 | No Comments »

Clase Magistral de José Toledo @joctoledo1

José Toledo Alcalde es licenciado en Teología y terapeuta físico.

#Latinoamericandonos José Carlos Mariátegui 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana

“Sólo el socialismo puede salvar a la humanidad” Beth Carvalho

http://connuestraamerica.blogspot.com

http://nuestraamerica-hoy.blogspot.com;http://alainet.org

 

Segundo Encuentro #Latinoamericandonos Miércoles 11 de Enero 2011

Parte del equipo Talleres de Marxismo: Estudiamos para Vencer!

Próximo miercoles 18 seguimos con #Latinoamericandonos y #JCMariátegui, a las 8:00pm (Perú) en TCam

 

 

Tercer Encuentro: #Latinoamericandonos este miércoles 19 de Enero 20:00pm (Perú) tcam : "Crónicas de género en Jose Carlos Mariátegui"

 

José Carlos Mariátegui

7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana


Publicado por vez primera: En 1928, por Biblioteca Amauta, Lima – Perú.
Esta edición: Marxists Internet Archive, mayo de 2010.
HTML para Marxists.org: Juan Fajardo, 2010.


Advertencia

I. Esquema de la evolución económica

II. El problema del indio

II. El problema de la tierra

IV. El proceso de la instrucción pública

V. El factor religioso

VI. Regionalismo y centralismo

VII. El proceso de la literatura

Caratula de 7 Ensayos

Caratula dibujada por Julia Codesido para la 1ra edición

http://www.marxists.org/espanol/mariateg/1928/7ensayos/index.htm

Author: marxismo | Date: 17/01/2012 | No Comments »

Temperatura social aumenta en Argentina

Andrés Figueroa Cornejo

Uno.

El viejo truco de anunciar ajustes económicos antipopulares inmediatamente después de las elecciones presidenciales todavía funciona en Argentina. El empleo de esa triquiñuela cobra sentido en una nación que ha sido gobernada históricamente de manera vertical, sin participación ciudadana salvo por el recurso de la fuerza ante la sordera del mando. Los gobiernos de turno –y el actual al parecer, no quiere ser distinto- en el territorio de Maradona y Perón, el paternalismo y, por tanto, la desconfianza en los trabajadores y el pueblo es la relación predominante de los de arriba. ¿Qué encierra ello? Un miedo severo de clase que, en consecuencia, justifica  el ejercicio alienante de intentar infantilizar políticamente a las grandes mayorías. Por eso desde el Ejecutivo y la oposición tradicional se apela sistemáticamente a un populismo que procura fortalecer que la historia la hacen ‘los personajes’ mediante frecuentes puestas en escena y la reproducción simbólica de la autoridad unidimensional como “salvador” o “demonio”. La práctica en cuestión facilita el éxito parcial y  a corto plazo del populismo; esa emotividad edulcorada para aplicar medidas de alto impacto, y los guiños frecuentes, descafeinados, sin contexto ni proyecto, y vaciados de contenido hasta del Che Guevara, independientemente de la simpatía o no que se tenga por su legado.

Dos.

Pese a reunir más de 200 mil firmas en menos de 10 días contra el alza de un 127 % del transporte subterráneo en la Ciudad de Buenos Aires, los trabajadores de ese medio y las organizaciones sociales y políticas que condenan el aumento del pasaje, la justicia, en primera instancia, desdeñó tanto los recursos legales para detenerlo, como las firmas de los usuarios. La medida adoptada por el gobernador de Buenos Aires, el ultraliberal Mauricio Macri, tuvo su origen en el retiro de un 50 % del subsidio estatal al subterráneo metropolitano. De esa manera, el gobierno nacional busca dañar la figura de uno de los más bullados precandidatos a las próximas presidenciales. Si Macri es coherente con el programa  de los hijos de la Escuela de Chicago, en el 2013, cuando se acabe incluso el subsidio del 50 % fiscal, el incremento de los viajes podría, al menos, duplicarse. En este sentido, la ciudadanía no hará diferencia entre Macri y el Ejecutivo nacional. Lo que se destruye, tanto con la argucia palaciega, como con el comportamiento esperable de Macri es la credibilidad de la gente en los ‘políticos y partidos profesionales’. Pero como los de arriba consideran a los trabajadores y sus familias ‘seres incompletos’, ‘adolescentes’, clientela y objeto, hasta ahora, hacen vista gorda e imponen simplemente. La manera en que un  individuo, un grupo de interés o una clase observa al que considera  un otro- subordinado (para disciplinar, castigar o ‘edificarle’), revela justamente la frontera de sus propias habilidades políticas y cognitivas. Y la subestimación del otro no es una categoría moral. Es bélica.

Tres.

El crecimiento de Argentina se funda sobre el precio en las grandes bolsas financieras del mundo de la primarizada explotación primaria agrominera (commodities, cuya parte de soya y granos está a la baja producto del declive de la demanda y la sequía en los campos);  la dependencia de sus exportaciones  a Brasil, Europa y China; y los ahorros previsionales estatizados de los asalariados. Conocido el panorama mundial, y en  particular, la intensificación de la crisis del capital desde el centro hacia su entorno el 2012, el país se encuentra ante un ciclo de contracción económica, caracterizado por el agotamiento del superávit fiscal, la fuga de capitales e inversiones dolarizadas, una de las mayores inflaciones del planeta y la precarización del trabajo.

Como las últimas administraciones no renacionalizaron el capital financiero ni las principales industrias privatizadas durante los años del menemismo; tampoco reindustrializaron nacionalmente ni elevaron de modo sustantivo el importe a las utilidades del capital y al abuso del suelo, entonces ahora, con cierta desesperación ambiental, mediante leyes y solicitudes a los dueños de casi todo, buscan controlar su política cambiaria a través de la compra y ahorro de divisas y a costa del recorte de las iniciativas subsidiarias y populistas que, como un todo, golpean a la mayoría argentina.

Según la Encuesta Permanente de Hogares del desacreditado Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC, intervenido desde el 2007) del tercer trimestre de 2011, casi un 28 % de habitantes vive con $ 27 pesos diarios (US$ 6), y la mitad de esas personas sobrevive con $ 18 pesos al día (US$ 4). Es verdad, la sal cuesta menos de $ 2 pesos. Pero el kilo de manteca, $ 35 pesos. El calzado en una tienda cualquiera no baja de los $ 180 pesos y un kilo de pollo vale $ 10 pesos. Ni hablar de vestuario, artículos informáticos, tecnología, recreación y de la enorme especulación inmobiliaria en un país donde escasean 3 millones de viviendas, cifra que suma y sigue diariamente. Y para el organismo gubernamental, una familia de 4 personas no es pobre si cuenta con más de $ 45 pesos al día (US$ 10). De acuerdo al informe, de los 17 millones de ocupados del país, casi 12 millones obtienen un ingreso menor a $ 2.300 pesos al mes (US$ 535). Y de los ocupados, por lo bajo, el 35 % trabaja informalmente, sin derechos laborales ni seguridad social (el Observatorio Social de la Universidad Católica de Argentina arroja que, en realidad, más de un 50 % de la fuerza de trabajo está ‘en negro’).

Como toda sociedad capitalista ‘de verdad’, los números del INDEC dicen que la concentración de la riqueza y las desigualdades sociales tienen su primavera.   El 20 % más empobrecido de la población percibe el 4,2 % del excedente socialmente producido, y el 20 % más rico se queda casi con la mitad del total. Naturalmente que al ir acortando los porcentajes extremos, las diferencias de concentración versus miseria se disparan con mayor violencia.

La deuda pública externa (según guarismos de septiembre de 2011) supera los US$ 230 mil millones, que el gobierno cancela acudiendo a nuevos préstamos, pero esta vez salidos de entidades nativas y que corresponden a puro trabajo argentino acumulado sin mediaciones, como el Banco Central y la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSeS) que administra los ahorros previsionales y jubilatorios de los asalariados. Es decir, se está frente a una colosal y genuina deuda ‘nacional y popular’. 

Debido a  la inflación, el venidero aumento del transporte (entre otros factores, por el sobreprecio coludido del oligopolio petrolero privado) y el incremento próximo de los servicios básicos debido a la retirada de subsidios a las industrias asociadas (que como queda demostrado, jamás fue una solución de mediano aliento siquiera), hasta las dirigencias de las centrales sindicales que votaron a la actual Presidenta (como la Central de Trabajadores de Argentina que lidera Hugo Yasky) anunciaron que no lucharán por un reajuste salarial inferior al 25 % durante las negociaciones que se desarrollarán en el primer tercio de 2012, toda vez que el gobierno central ha dictado más o menos claramente que la demanda salarial sólo debe bordear el 18 %. De este modo, muchos dirigentes sociales se explican bien la aprobación de la impopular Ley Antiterrorista impacientemente propugnada por el Ejecutivo, y sus consecuencias contra el movimiento de los trabajadores y el pueblo.

Desde arriba, ya existe la  precautoria cubierta jurídica ante el temor de un período explícito de lucha de clases. Desde abajo, comienza a organizarse con celeridad la indignación frente al empeoramiento general de la vida.

Enero 17 de 2012

Author: marxismo | Date: 15/01/2012 | No Comments »

Luis Velarde (El vuelo nocturno de la lechuza )

Considerando la independencia de Mariátegui para ocupar el marxismo concretamente en base a la realidad peruana y latinoamericana, se comprende que centre la atención en la posición dependiente del territorio y los problemas nacionales en el contexto del capitalismo imperialista.

Mariátegui debe acercarse a la literatura peruana desde la implicación más esencial que supone este concepto, vale decir, la existencia de literatura nacional. Las complicaciones que dicha idea conlleva son vitales para entender la periodización que debe trazar el autor en su exégesis. Con el primer factor con que dialoga es la nacionalidad en su relación general con el idioma, observa que en Europa las literaturas nacionales comienzan con los primeros cantos y relatos en los idiomas español, francés e italiano. De hecho, asegura que el florecimiento de las literaturas nacionales coincide, en la historia de Occidente, con la afirmación política de la idea nacional. Forma parte del movimiento que, a través de la Reforma y el Renacimiento, creó los factores ideológicos y espirituales de la revolución liberal y del orden capitalista” (207).

Sin embargo, esta mínima estabilidad lingüística que forma parte del sustento de la abstracción nacional y por ende de su ‘espíritu’, no se encuentra en Perú, donde existe una dualidad idiomática no resuelta: el quechua-español. Por lo tanto, “no es posible estudiar con el método válido para las naciones orgánicamente nacionales, nacidas y crecidas sin la intervención de una conquista” (208). Las particularidades que devienen determinantes en el desarrollo de la literatura peruana serán las condiciones idiomáticas de la dualidad quechua-español, en que subyace el hecho sustancial de las categorías raciales (y culturales), y también el origen colonial de la sociedad peruana.

La primera etapa de la literatura peruana sería española, no tanto por el idioma como por su espíritu y sentimientos, vale decir por su estado colonial, por lo que hoy podríamos denominar colonialidad, siendo una excepción el Inca Garcilaso. Así la literatura colonial se caracteriza por adoptar los temas y formatos de la literatura peninsular, y específicamente en el contexto americano por potenciar la épica la cual permitía al “conquistador… sentir y expresar épicamente la conquista”, mientras que en de la literatura burguesa es principalmente desarrollada la novela como “la historia del individuo” (210) en dicha sociedad.

Hasta aquí la relación de la literatura con el momento social en que se desarrolla es simple, y no pareciera ser más que un ‘reflejo’ de los procesos históricos. No obstante, podemos ver que este determinante de origen explicitado por Mariátegui tiene la flexibilidad ya avizorada por el mismo Marx (Véase Vedda 2003), y tratada en algunos casos con el concepto de ‘residual’ (Véase Williams 165). En efecto, la característica colonial de la literatura peruana no se reduce a la producida en el período histórico en que Perú era una colonia del Reino de España. Consciente de que los escritores, los productores concretos de los escritos llamados literatura se encuentran en la sociedad ya establecida con una tradición legada y perteneciendo a una clase social determinada o como decía Marx “[l]a tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos” (31); Mariátegui extiende el carácter colonial de la literatura más allá del contexto de administración económico-social de la Colonia. Al explicar el concepto de literatura colonial la relaciona con su condición de dependencia, por su “subordinación a los residuos espirituales y materiales de la Colonia” (213), por tanto aún constituido Perú en la forma republicana, la literatura sigue produciéndose colonialmente. ¿Cómo se explica este fenómeno? Según el autor la “literatura de un pueblo se alimenta y se apoya en un substractum económico y político” y siendo el caso del Perú el estar dominado por “los descendientes de una casta de los encomenderos y los oidores del Virreinato” (ídem), la literatura que éstos producían mantenía el espíritu colonial. De modo que existe una determinación material radicada en la misma constitución de una clase hegemónica cuyos límites se manifiestan también en su concepción de mundo, parecido a lo que Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte identifica en las concepciones de los pequeño burgueses franceses cuando dice “el hecho de que en su mente no van más allá de los límites es lo que no supera en la vida” (ctd Eagleton 143). Sin embargo, debe destacarse que Mariátegui acepta el hecho de que escritores ‘superiores’ puedan salvar este fatalismo histórico, otorgándole de este modo, una valoración especial al poder creativo de la imaginación, y que se explica en tanto la realidad misma presenta elementos materiales y espirituales que potencian un futuro posible superior, como Eagleton resume sobre el marxismo de Lukács y en general: “El presente, pues, no es idéntico a sí mismo: hay algo en él que apunta más allá, al igual que la forma de todo presente histórico se estructura por su antelación respecto a un futuro posible” (145).

En la literatura colonial cuyo substrato es la sociedad en que dominan los herederos de castas coloniales, el problema es un tipo de inautenticidad artística, pues es una literatura que no reconoce su base social, es decir, se encuentra sin raíces reales. En Perú esta base social es la del pueblo indígena mayoritario. El Amauta dice que “el arte tiene necesidad de alimentarse de la sabia de una tradición, de una historia, de una pueblo” (214). No obstante, la literatura colonial “se ha sentido extraña al pasado inkaico” (ídem). En resumen:

Destruida la civilización inkaica por España, constituido el nuevo estado sin el indio y contra el indio, sometida la raza aborigen a la servidumbre, la literatura peruana tenía que ser criolla, costeña, en la proporción en que dejara de ser española. No pudo por esto, surgir en el Perú una literatura vigorosa. (215)

Llegado a esta parte, es necesario acercarnos un poco al tema de la tradición y la manera en que fue tratada ésta por Mariátegui antes de seguir con la periodización propuesta por el autor en Siete ensayos…, pues nos permite entender mejor el modo en que las determinaciones son asumidas como explicaciones de los fenómenos culturales o literarios. Este tópico ha sido analizado por diversos estudiosos de la obra mariateguiana, por lo que no ahondaremos más que de manera sintética. La concepción oligárquica y civilista planteaba el proyecto liberal  de sociedad en términos dicotómicos como civilización versus barbarie, en donde lo primero es lo occidental y lo segundo lo indígena y lo popular. En esta ideología se planteaba la bandera de la tradición aludiendo a lo ibérico como confirmación y legitimación del presente, siendo su contraparte la vanguardia. Mariátegui comprende los límites ideológicos de esta noción de tradición, puesto que desconoce convenientemente el pasado indígena de Perú, sumamente importante considerando la población real del país y su relación con la estructura económica. De manera tal que en Mariátegui la “palabra tradición adquiere… un valor diferente y opuesto al que le confieren los tradicionalistas. Se transforma en la reivindicación firme y positiva de las raíces” (Melis 1994, 15). Lo cual no significa un pasadismo que pretenda traer de vuelta al presente la sociedad incaica: “El pasado incaico que se propone recuperar, no es meta de su movimiento, sino un elemento constitutivo de la nueva identidad realista y moderna” (Fernández 71).

En efecto, Mariátegui afirma que “la tradición es, contra lo que desean los tradicionalistas, viva y móvil. La crean los que la niegan para renovarla y enriquecerla” (ctd Fernández 73). De manera tal que la tradición es entendida en un movimiento dialéctico, en donde la repercusiones del pasado son asumidas en el presente como parte del movimiento social, y cuyo determinante es el la interacción entre lo exterior occidental y lo interior indígena. Esta noción pretende sintetizar política y socialmente el desgarro que genera la Colonia cuando excluye los elementos indígenas de la construcción nacional peruana, erigiendo sobre la realidad un orden de dominación que perpetúa las relaciones coloniales bajo el formato del liberalismo y la república en el continuo de la dinámica capitalista mundial. En definitiva, la negación de la tradición tradicionalista que busca legitimar y estancar la realidad, es a la vez una construcción política de la tradición que, por el contrario, busca los elementos constitutivos de un proyecto futuro de nación sin excluir lo occidental ni mucho menos lo indígena, cuya valoración es vital para el desarrollo de ese futuro o utopía crítica. Pero, debe destacarse que Mariátegui contrasta con la concepción paternalista y filantrópica del indigenismo de su época, al entender que es tarea del indígena mismo la construcción de esa sociedad.

Volviendo a la periodización de la literatura que efectúa nuestro autor en Siete ensayos…vemos que la categoría de cosmopolita sería una respuesta al encierro colonial, Melis sintetiza del siguiente modo:

Frente al monologismo de la cultura de esa larga época de dominación, se busca una pluralidad de voces en la relación con diferentes literaturas extranjeras […] El esfuerzo por liberarse de la hegemonía cultural de la antigua madre patria no se manifiesta como exploración de un itinerario autónomo. Es más bien una tentativa de encontrar otros puntos de referencia, como premisa a la conquista de una nueva identidad. (2007, 492)

Pero en esta búsqueda de otros puntos de referencia la literatura se encuentra con las grandes corrientes culturales del mundo, lo que le permite una visión más amplia y un reconocimiento de su situación.

Es interesante, en este sentido, observar que el origen de la literatura cosmopolita se encuentra en González Prada, a cuyo autor el Amauta le dedica un apartado en el “Proceso de la literatura peruana”. En González Prada se reconoce la primera ruptura con el Virreinato, y por ende con los residuos culturales de la metrópolis española en la literatura peruana. Frente a la literatura colonialista, el cosmpolitismo de Prada se presenta más peruano pues permite un alejamiento del inmovilismo españolista, sobre todo porque reconoce que la nación peruana verdadera “está formada por las muchedumbres de indios diseminadas en la banda oriental de la cordillera” (ctd Mariátegui 226). Los límites de Prada estarían en su ideología utopista, la cual a pesar de apelar al realismo y al racionalismo no tocaban la realidad y queda en una actitud más bien “literaria” (230) frente a la política, más aun cuando frente a la polémica de marxistas y bakuninistas habíase abanderado por los segundos, es decir, por el extremo izquierdo del liberalismo, el anarquismo. Sin embargo, en consideración de la importancia de la lucha por la hegemonía cultual, Mariátegui rescata de Prada no tanto su palabra como su espíritu radical y revolucionario, así como también rescata de Ricardo Palma su crítica indirecta de la realidad colonial latente en su ironía narrativa. De nuevo, entonces, las determinaciones materiales que pueden explicar el origen de un fenómeno cultural, no agotan su realidad, pues deben considerarse los factores de hegemonía y la praxis creadora de la imaginación artística.

El tercer estadio sería la literatura nacional, la que se define como “expresión bien modulada de su propia (de la nación) personalidad y su propio sentimiento” (212, 213). Aquí es fundamental la literatura indigenista pues a pesar de no ser necesariamente indígena, “significa la incorporación a la práctica literaria de un elemento imprescindible de la nación integral. A través de esta toma de conciencia, se rompe la visión monolítica del colonialismo. Se asoma con gran evidencia el carácter multiétnico y multicultural del país andino”. (Melis 2007, 494)

Es decir, una literatura que capta los problemas más acuciosos de la sociedad de la que surge. No es una moda, sino parte de un Perú nuevo que quiere surgir, en otros términos es eso que Williams denominó ‘emergente’, y cuya significación se articula con otros elementos sociales: “El indigenismo de nuestra literatura actual no está desconectado de los demás elementos nuevos de esta hora. Por el contrario, se encuentra articulado en ellos. El problema indígena, tan presente en la política, la economía y la sociología no puede estar ausente de la literatura y del arte” (297). Representativo de este fenómeno es César Vallejo en cuya escritura lo indígena fluye de manera natural, es decir, “no se insertan artificiosamente en su lenguaje; son en él producto espontáneo, célula propia, elemento orgánico” (278). En esto podemos ver también una distinción propia de la genialidad intuitiva de Mariátegui: lo popular y lo folclórico, en donde lo primero es auténtico y vívido mientras lo segundo, artificioso y descontextualizado.

A modo de conlusión.

Sin pretender agotar el tema, hemos querido destacar brevemente la manera personal de articular las determinaciones materiales en el análisis literario de Mariátegui, el cual si bien no se presenta como una teoría propiamente tal, muestra un modo de acercamiento al fenómeno cultural artístico considerándolo dentro de la totalidad social, lo que constituye un precedente en el pensamiento literario latinoamericano. En éste destaca la centralidad del problema nacional considerando la relación entre lo interno y lo externo, entendidos principalmente como lo indígena (base) y lo occidental (movimiento mundial). Este problema se articula a la vez con las relaciones de clase que subyacen a la estructura económico-social y sus especificidades en el contexto peruano y, en alguna medida, extrapolable a Latinoamérica.

En los temas fundamentales que trató el Amauta: el problema indígena, la literatura, la economía logró adelantar importantes ideas, a pesar de los limitantes contextuales que han destacado diferentes autores, principalmente desconocimientos en estas áreas que podemos dar cuenta hoy, pero a los que el autor no pudo acceder, por ejemplo textos importantes del reverso de la Colonia como el de Waman Puma de Ayala, entre otros, así como de datos económicos más exhaustivos sobre la cultura inca.

Fuera de estas vicisitudes, sin duda importantes, destacamos que para el Amauta toman relevancia en el análisis literario lo que llamó el “substractum económico”, sin descuidar tampoco los factores prácticos del movimiento social en cuanto a la hegemonía cultural, así como el reconocimiento del valor de la praxis artística en su articulación con la sociedad, a tal punto de poder salvar el “fatalismo” histórico que se impone sobre autores de baja envergadura.

En definitiva, la comprensión de nuestro autor de que debían buscarse las determinaciones del fenómeno literario peruano, muestra su paso metodológico de lo abstracto, lo formal a lo concreto, las determinaciones. Esto permite distinguir de mejor manera el movimiento del objeto estudiado, sobre todo si éste es entendido como praxis, es decir, sin la fetichización en que se incurre al reducir la literatura a lo estático (sin historia) y aislado (sin considerar la totalidad). Por el contrario, en el peruano la literatura se descubre en su movimiento histórico y en relación con la totalidad social, ya sean en sus dimensiones determinantes nacional y global, esto es, el colonialismo y el capitalismo imperialista respectivamente.

Sin lugar a dudas, Mariátegui nos hereda junto a un precedente genial del marxismo en el contexto latinoamericano, y quizás gracias a esta elección metodológica, su pensamiento anti-colonialista. Éste debe ser el punto de partida de cualquier “epistemología del sur” (50), como dice hoy Boaventura de Sousa Santos, y no lo que en las metrópolis capitalistas se legitima como pos-colonial. En este sentido, y siguiendo la propuesta militante de Mariátegui, los saberes científicos no estarán sublimados de su realidad social.

Bibliografía.

-De Sousa Santos, Boaventura. Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social (encuentros en Buenos Aires). Agosto. 2006. ISBN 987-1183-57-7. Disponible en: http:/bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/edición/santos/Prologo.pdf

-Eagleton, Terry. Ideología. Una introducción. España: Surcos, 2005.

-Fernández, Osvaldo. Itinerarios y trayectos heréticos de José Carlos Mariátegui. Santiago: Quimantú, 2010.

-Mariátegui, José Carlos. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima: El Comercio, 2005.

-Marx, Karl. El 18 Brumario de Luis Bonaparte. Madrid: Sarpe, 1985.

-Melis, Antonio. “José Carlos Mariátegui en el siglo XXI” prólogo a las obras completas en Mariátegui total. Lima: Ed. Amauta, 1994, reproducido en Recienvenido. Sao Paulo: Depto. de Letras Modernas, FLCH, USP, 1996. (Disponible en internet a través de http://es.scribd.com).

__________“Mariátegui frente al estudio de una literatura colonial”, en Revista Iberoamericana, Vol. LXXIII, Núm. 220, Julio-Septiembre 2007, 487-496.

-Vedda, Miguel. “Introducción” en Marx, Karl y Engels, Friedrich. Escritos sobre literatura. Vedda (comp.). Buenos Aires: Colihue, 2003.

-Williams, Raymond. Marxismo y literatura. Buenos Aires: Las cuarenta, 2009.

Análisis, reflexión y crítica de Política, Literatura, Historia, Filosofía. Con la razón revolucionaria de los pueblos latinoamericanos y del mundo. Marxismo.

Luis Velarde

@Luis_Velarde_F

El vuelo nocturno de la lechuza

http://elvuelonocturnodelalechuza.tumblr.com/post/15787816761/breve-consideracion-sobre-el-analisis-literario-del

Author: marxismo | Date: 12/01/2012 | No Comments »

Vladimir Lenin

El Imperialismo, FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO

Por Fernando Hugo Azcurra*

En palabras de Amílcar Reali, el economista Fernando Hugo Azcurra es miembro de la AGRUPACION MATE AMARGO DE ENTRE RIOS. El autor desarrolla en el presente trabajo cuatro temas de índole política que constituyen todavía cuestiones problemáticas de naturaleza teórica. En el primero de ellos se pregunta si el objetivo de la Revolución Socialista o de los cambios revolucionarios como los llama, han pasado o sigue siendo actual para las luchas socio-políticas. En el segundo, se ocupa de examinar si a partir de los cambios económicos y políticos acaecidos tanto en el capitalismo cuanto en el campo socialista, los trabajadores han perdido centralidad como sujeto portador del cambio en la sociedad. En el tercero, aborda el problema de la actualidad del Imperialismo, caracterizado hoy por una etapa financiera que definiría su carácter más profundo y decisivo, y finaliza, en el cuarto y último problema, refiriéndose al tema del Estado, su esencia y si ha perdido o no sus rasgos centrales establecidos por el análisis de Marx-Lenín. Para cada uno de los planteos, el autor, da una respuesta que en conjunto significan una restauración del materialismo marxista, una vigencia de los trabajadores como clase en sus luchas, como también señalando que el socialismo es la actualidad y realidad socio-política decisiva de la época histórica abierta por la Revolución de Octubre en Rusia. Y todo esto en abierta discrepancia teórica con los planteos de Toni Negri y John Holloway. El autor no lo dice explícitamente, pero este trabajo está dirigido a intelectuales, militantes, trabajadores, etc. que mantienen las convicciones del materialismo marxista, su importancia como teoría socio-política de la acción de clase de los trabajadores y su capacidad de actualizarse a tenor de los desarrollos del capitalismo y del socialismo. AGRUPACION MATE AMARGO DE ENTRE RIOS Tel 0343-4233.181 Paraná – Entre Ríos – Argentina amilreali@tutopia.com

Imperialismo y Socialismo. Por Fernando Hugo Azcurra.

“Nada hay de más poderoso en la sociedad, que una idea a la que le ha llegado su tiempo” [Víctor Hugo].

Pues bien, en nuestra época, ese tiempo ha llegado y no es el tiempo de una idea: es el tiempo de una realidad. Tiempo del Socialismo y realidad de los problemas de su construcción. Vivimos en una nueva época de la historia mundial: es la del tránsito de una sociedad que declina, moribunda, pero aún fuerte, y otra que nace, reclamando su derecho a la vida, pero aún débil. Situación que se reconoce en toda época de cambio histórico, de turbulencias, de rebeliones, entre una sociedad establecida que se niega a desaparecer y otra que viene a desplazarla. Nuevas relaciones sociales, nuevas formas de producción, nuevas modalidades de vida y cultura. Tales movimientos de ruptura no se producen de golpe y en un día, se desarrollan a lo largo de siglos, hasta quedar establecida la nueva configuración social, el nuevo régimen. Es lo que hoy sucede entre un capitalismo imperialista financiero que lucha por mantener su supremacía y que nada cambie, defiende el statu-quo, y las nacientes formas de la nueva sociedad que desafían tal supremacía y buscan afanosamente, en medio de innumerables dificultades de todo orden, romper tal status y afirmar la nueva clase y sus nuevos valores.

1] Cambios revolucionarios: ¿actualidad o pasado?

 

El problema fundamental de nuestra época

En materia de análisis político la concepción materialista impone ir más allá de los fenómenos cotidianos y episódicos que manifiestan las sociedades. Exige conocer las tendencias y corrientes más profundas que determinan y regulan su movimiento permitiendo así avizorar, anticipar su derrotero, sino de un modo exacto, ya que ello es prácticamente imposible, al menos en una forma general pero segura.

Trataremos de cumplir con aquél precepto de método para intentar captar cuál es hoy el problema fundamental de nuestra época. Por época deberá entenderse un largo lapso histórico de la vida social que toda sociedad experimenta: época inicial de cambios, época de desarrollo y consolidación, finalmente época de declinación y extinción. ¿En cuál estadio se encuentran hoy sociedad burguesa y sociedad socialista? Veamos.

Desde 1848 por los procesos revolucionarios que se extendieron como reguero de pólvora por Alemania, Francia, Hungría, Polonia, etc. en los que la burguesía afirma su dominio ante la nobleza territorial y, al mismo tiempo, hace morder el polvo de la derrota a los trabajadores que ya buscaban ir más allá de las consignas burguesas abiertas con la gran revolución francesa de 1789, pero en particular desde la Comuna de París, se advertía, para quien quisiera examinar en profundidad los acontecimientos socio-políticos, que no terminaba aún la burguesía de sentarse definitivamente y en tranquilidad a hacer uso del control estatal cuando ya tocaba a las puertas de “su” sociedad el proletariado fabril explotado, humillado, sin derechos políticos ni civiles, como nuevo dirigente de todo el pueblo. Junto con la etapa de consolidación de la burguesía ya se desbrozaba el camino fundamental a inicios del siglo XX: el de la Revolución Socialista. ¡He ahí la cuestión decisiva y central de la nueva época!

¡Inminencia y actualidad de la Revolución Socialista!

Pero como nada permanece en lo que es y, como durante el siglo XX se concretaron los cambios revolucionarios pronosticados, el movimiento proletario pasó de los desafíos a la burguesía y a su sociedad del capital, a la realidad del surgimiento de varios países que romperían el statu-quo mundial dominado por ella, la cuestión fundamental, sobre todo luego de la 2da. posguerra se desplazó, por así decir: se transformó hoy ¡en la actualidad del socialismo!

Pero esta actualidad se presentó no en los términos esperados, esto es, en algún o algunos países más desarrollados por la senda del capitalismo, sino que arrancó en los países constitutivos de su periferia. Esto hizo y aún hace que siga vigente el cambio en aquéllos y obliga a redefinir también los procedimientos y las vías en la consecución del Socialismo en los países periféricos que no han producido el cambio, a tenor de los problemas planteados a la construcción socialista en los países que promovieron los cambios en tal sentido.

Si no se acepta éste carácter fundamental de nuestra época que vivimos, transitamos y luchan los trabajadores de todo el mundo, que es el tránsito de una sociedad a otra, que es la época de la actualidad y de la realidad del socialismo, todo se convertirá en retórica hueca. Y digamos con firmeza y prestamente que esto no es una deformación de lo que acontece: ¡es un fundamento real y objetivo de ésta época!

Hemos pasado, pues, desde la inminencia y actualidad de la revolución socialista a comienzos del siglo XX a la de su ¡actualidad y realidad objetiva! a partir de la Revolución Socialista de octubre en Rusia, pasando por la rebelión China y el sudeste asiático, y las insurgencias, con variada fortuna, de África y América Latina a la de su ¡actualidad y realidad objetiva hoy! fines del siglo XX e inicios del siglo XXI. Si no se recupera y capta con fuerza lo patente de este fundamento todo análisis materialista pecará de insustancial y artificial.

Es esto, entonces, lo que impone sin vacilaciones no mirar la “estrechez” de la construcción del Socialismo o, al menos, no sólo enfocar la mirada en ello, sino advertir por los entresijos de tales estrecheces, carencias y limitaciones, la potencia y la fuerza de lo que se abre paso inexorablemente: las nuevas relaciones, la nueva sociedad, haciéndolo, claro está, por la multiplicidad de los meandros, avances y retrocesos, victorias y derrotas, ¡ninguna lucha, ninguna construcción social se hace en línea recta, directa y limpia! Y tan cierto como es esto, lo es la extinción del capitalismo, la “vieja sociedad”.

Debe subrayarse esta circunstancia porque hay quienes, dentro del propio campo de la izquierda, acompañan las posiciones de la burguesía viendo en los cambios del capitalismo actual, los de su etapa de imperialismo monopolista estatal en imperialismo monopolista financiero mundial, sólo lo que pareciera tener de ¡“consolidación” definitiva de su dominio!, lo que pareciera mostrar el ¡“triunfo de su lógica”! apoyándose en el derrumbe de la URSS y en que el movimiento obrero mundial ¡ha desaparecido! Síntesis: ¡perdieron la revolución y los trabajadores! ¡Ha triunfado el capitalismo!

Agigantan la creencia en la fuerza del enemigo de clase, refuerzan sus argumentos mentirosos y, como contrapartida, reducen hasta su extinción, la potencia de las luchas y la fuerza del embate de todos los trabajadores asalariados en sus múltiples modalidades. Muchos difunden que el mundo del trabajo es débil como clase, como ideología y como política de oposición, está “disperso”, sin “conducción”, está sin “el objetivo del socialismo”, se ve “desorientado”, “a la deriva”, los pueblos y en particular los trabajadores descreen de “la” política, de toda política, incluso de la propia de los partidos de izquierda o que se dicen inspirados en el marxismo.

Estas posiciones son ¡derrotistas! Diríamos que esto es rutinismo de pensamiento, que es “tragarse” el discurso y la práctica de la burguesía y sus portavoces intelectuales que lo llenan de altisonancias triunfalistas, gritando que la historia ha terminado, que al fin la humanidad ha llegado a conquistar la cúspide social: ¡el dominio omnímodo de la sociedad burguesa!

Esto es lo mismo que un llamado a los trabajadores a ¡no hacer nada! ya que luchar por los cambios revolucionarios es estar ¡condenado al fracaso! aleccionan con que ¡los trabajadores ya no siguen ni persiguen cambiar la sociedad! ¡menos aún por el socialismo de cuartel! ¿Qué buscan y qué quieren? Quieren “la” democracia, desean “la” libertad, buscan “vivir bien” estos son los únicos cambios y objetivos inmediatos y “prácticos” que pueden esgrimir y por los que los pueblos se moverán, o sea, por los valores burgueses y dentro de la sociedad burguesa, nuestra sociedad burguesa afirman es ¡inconmovible y eterna!

Para estas posiciones ya G. Lukács señalaba que “…a los ojos del marxista vulgar los fundamentos de la sociedad burguesa son tan inamovibles, que aun en los momentos de su conmoción más evidente no desea otra cosa que el regreso de la situación `normal´, no viendo en sus crisis sino episodios pasajeros y considerando la lucha, incluso en tales períodos, como la nada razonable rebelión de unos cuantos irresponsables contra el, a pesar de todo, invencible capitalismo” [G. Lukács, “Lenín”, La Rosa Blindada, p. 17]

¿Pero no hay acaso mucho de verdad en aquellas posiciones? Negar la implosión de la URSS y su impacto en quienes luchan buscando la superación de la sociedad burguesa en pro de la construcción socialista, como también el reflujo en la conciencia socialista y una situación de desaliento por parte de la masa de trabajadores a nivel mundial, sería necio. Pero hemos de decir que no menos cierto es que a la altura en que se produjeron los acontecimientos que llevaron al desmoronamiento de la URSS, ésta había dejado ya de ser el único referente en la lucha anticapitalista. Más aún era, casi desde de sus inicios, blanco de innumerables ataques por sus “desvíos” de la verdadera construcción socialista, de los cuales Trotsky y sus continuadores fueron de los primeros en señalar. A partir de la 2da. posguerra la llamada “coexistencia pacífica” fue uno entre los tantos temas políticos de furiosas invectivas. Los procedimientos “burocráticos” internos en la planificación económica, fue otro, y así puede – y debe- hacerse una lista.

Los ejemplos respecto del abandono por parte de los trabajadores de los países europeos principales de las tácticas de lucha oposicionista intentando derrocar al capital y lanzarse en la senda del socialismo, también durante aquel lapso, fueron evidentes. Pero es sólo parte de la situación que la explica. La posición privilegiada de las burguesías de esos países en la estrategia de los EEUU para Europa occidental como contención del comunismo los alcanzó con un nivel de vida y de consumo jamás vivida ni pensada antes. Pero aún así durante los primeros veinticinco años de la segunda posguerra los partidos de izquierda en Francia e Italia, por ejemplo, establecieron políticas que jaqueaban al sistema liderado por EEUU y obligaban a sus altos mandos en connivencia con los gobiernos europeos a nuevos diseños políticos, diplomáticos, sindicales y laborales, de modo que evitaran al máximo los conflictos internos.

En los países periféricos la situación constituyó una forma abigarrada de situaciones específicas. Los movimientos de liberación nacional que arrancaron con fuerza por la misma época, en algunos casos lograron sus objetivos [Viet-Nam, China, Cuba] y en otros, por la agresión y hasta por invasión de los EE.UU. fueron neutralizados o derrotados [Chile, Mozambique, Angola, etc.]

Pero todos estos ejemplos expuestos de una forma sumaria no exhaustiva, muestran por un lado lo que pasó y al mismo tiempo lo que falta hacer puesto que al plantearse movimientos para sacudirse el yugo del capital pusieron o desencadenaron el movimiento opuesto, y ellos mismos son los indicadores de la nueva época a la que aludimos, la de su actualidad y la de su objetividad. En las guerras se libran batallas, unas son importantes, otras lo son menos, unas son de movimiento, otras de enfrentamiento directo, unas contienen mucho de diplomacia otras más de resolución militar, unas son de avance y otras de retroceso ¿Qué decide la importancia y valor sobre su “derrota” o su “victoria”? El carácter general – la época social- en la cual se inscriben y la relación que guardan respecto del cuadro histórico-mundial, si aún tratándose de una “derrota” ésta no logra frenar la tendencia epocal, y si en cuanto victoria ésta acelera o no el advenimiento del triunfo final.

No es sólo, y a veces ni principalmente, el aspecto militar e inmediato de la confrontación lo que determina su valor en los conflictos, mucho más si, como en este caso, hablamos de conflictos de clase del cual lo militar es un aspecto, que contienen características y ángulos de todo tipo: político, social, económico, cultural, histórico, etc. y militar. En cada momento, alguno o algunos de estos aspectos predomina respecto de los otros, saber cuál es y estar en condiciones de manejarlos hace a la conducción estratégica y táctica general en el tiempo dentro de la época y de la oposición fundamental.

En consecuencia la actualidad y realidad del Socialismo, es lo decisivo y la tendencia mundial; marca de modo indeleble el carácter fundamental de nuestra época, es esta una situación objetiva y candente: cada uno de los hechos y episodios de lucha socio-política, tiene que ser relacionado de manera concreta con ese fundamento histórico-social de fondo y concebirlos como momentos de un todo mundial de tránsito de una sociedad a otra ¡este es el fundamento de todas las luchas de clase hoy y de todas sus transformaciones!

La transformación del capitalismo como capitalismo monopolista, convirtió a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, la revolución del proletariado por el socialismo en actualidad, la planteó como problema de actualidad de esa etapa de la nueva época. Desde fines del siglo XX hasta hoy, comienzos del siglo XXI, recorremos una nueva etapa que nos presenta como problema actual y real la construcción del socialismo en sus dos puntos centrales: como Revolución que debe producirse aún en los países centrales y periféricos y como nueva sociedad en construcción.

Es posible advertir, entonces, que los cambios revolucionarios NO son cosas del “pasado” sino, muy por el contrario, cosas del “presente”. Estos cambios constituyen la actualidad ¡y hasta la necesidad! no sólo más profunda sino “evidente” y quien se niegue a considerarlo así no se ubicará en el campo de los trabajadores asalariados y de quienes luchan por el progreso social y la nueva sociedad.

2] Los trabajadores como clase socialmente dominante


Su sustancialidad histórica mundial.

¿Qué debe entenderse por trabajadores como clase socialmente dominante? En la actualidad mundial del capitalismo imperialista financiero, no existen otras clases que como resultado de producción, feudales, semifeudales, trabajadores autónomos, artesanos, etc. disputen su lugar político-social en igualdad de condiciones de explotación. O bien que tengan todavía por delante lograr sus propios fines históricos.

Hoy los trabajadores asalariados constituyen la mayoría de la población mundial trabajadora, son su parte más activa sindical y política. No quiere decir esto que aquellas otras capas o “bolsones” de trabajadores haya desaparecido ¡no! Más aún en algunos países y economías bien pueden formar una realidad extendida oprobiosa, pero en aquellos países y regiones periféricos que hayan experimentado un desarrollo industrial burgués por incipiente que sea, va tomando cada vez forma la explotación asalariada como norma y ley. Y en aquellos en los que es posible advertir relaciones atrasadas, si se examinan en profundidad mostrarán que están montadas, por así decir, y dominadas por el capital imperialista transnacional.

Es a partir de esta realidad, entonces, que se volvió imperioso para los trabajadores el desarrollo y proyección de sus intereses como política e ideológicamente dominante, abarcando en su propio seno a todas las demás clases y capas explotadas sin exclusiones ya que el campo del pueblo trabajador es el terreno de confrontación en que se mueven todas las clases en la sociedad burguesa.

Y sin embargo las afirmaciones anteriores parecerían chocar de inmediato con la comprobación de hechos políticos mundiales completamente opuestos que desmentirían aquella posición cuestionando la centralidad y esencia de la época junto con el cuestionamiento del sujeto histórico-político portador del cambio.

¿En qué argumentos basan tales cuestionamientos? En general:

a] la caída del sistema socialista a manos de una caterva de rufianes burócratas pro capitalistas, apoyados por esos trabajadores que, se suponía, debían defender el sistema.

b] la espalda dada por la sociedad y por los propios trabajadores de los países capitalistas más desarrollados al socialismo y la ideología socialista.

c] las transformaciones económicas, políticas y sociales reflejadas en el proceso de “globalización” que están determinando la desaparición del proletariado industrial y su progresivo pero inexorable reemplazo por los trabajadores de “servicios” y de la “producción inmaterial” que sobrepasa en valor y producción a los sectores “tradicionales” de la “producción material”.

d] En los países periféricos, en particular en América Latina, los movimientos políticos no están liderados por los trabajadores asalariados sino por un conjunto de clases, capas y sectores en los que suelen predominar liderazgos personales y grupos pequeños que tienen diversos orígenes sociales.

Todas estas posiciones y otras parecidas conforman un estado de situación mundial respecto de la confrontación socialismo versus capitalismo, proletariado versus burguesía, marxismo versus liberalismo, más o menos de este tipo: 1] el proletariado ha sido derrotado en toda la línea; 2] el socialismo culminó en un estrepitoso fracaso y, 3] la concepción marxista como teoría de las sociedades se reveló como una falsedad: por tanto, éste es el tiempo de crisis de las experiencias de todo el siglo XIX que durante todo ese lapso se creyó que era un innegable triunfo histórico y político del socialismo marxista a partir de la revolución de octubre.

Se “teoriza” que el impacto y las proyecciones de aquella revolución a nivel mundial han muerto, que ha concluido una época y una ilusión. Por el contrario, en el otro campo, el de la burguesía, lo que hay es triunfo, 1] éxito del capitalismo; 2] demostración de la verdad del liberalismo, 3] ¡la burguesía y el capital han triunfado! ¿Qué hacer? ¿Empezar de nuevo? ¡No! Hay que buscar otros caminos, encontrar otros actores no contaminados, evadir las organizaciones tradicionales, alimentar todo lo nuevo, lo no explorado, lo antes no tenido en cuenta, estimular todo accionar de cualquier tipo de organizaciones e instituciones o de prácticas que proclamen sus derechos, minorías, grupos, asociaciones, en especial culturales, sociales, vecinales, etc. absteniéndose de dirigirlos o señalarles fines, procedimientos, e ideas fuera de las que ellos mismo se den y construyan, recuperar “la utopía” y la “esperanza”.

Pues bien, el materialismo marxista exige aceptar los hechos frontalmente, sin dudas ni vacilaciones, sin construir posiciones y/o argumentos ilusorios, pero al mismo tiempo con la clara firmeza de señalar que existe siempre algo más profundo y de primordial importancia que los hechos o situaciones aislados: el proceso general, la totalidad del movimiento de la sociedad y de la época histórica con sus clases actuantes. Reconocer sin medias tintas la existencia de hechos y situaciones no implica que se los deban aceptar como la realidad determinante de la acción y del proceso general. Esto ya lo sabía a la manera literaria el gran escritor irlandés Chesterton quien decía “¡Los hechos! ¡Cómo oscurecen los hechos la verdad!… Todos los detalles conducen a algo, no cabe duda; pero por regla general a algo equivocado. Los hechos apuntan en todas direcciones, como los millares de ramas de un árbol. Únicamente es la vida del árbol la que ofrece unidad y la que se eleva…Únicamente es su verde savia la que brota como un surtidor hacia las estrellas” [G.K. Chesterton, “El club de los negocios raros”, Obras Completas, Janés Editor, III, p. 1282]. Hay aquí una relación entre “existencia” [los hechos] y “realidad” [la sustancialidad histórica], lo que existe por el mero hecho de existir no tiene realidad. No es lo mismo existencia que realidad, un zapatero remendón tiene existencia pero carece de realidad en las relaciones capitalistas de producción porque lo sustituye con la industria del calzado, es ésta la que tiene realidad y no aquél.

Lo primero que es necesario afirmar de modo indubitable es que la victoria definitiva de los trabajadores asalariados y sus aliados está atravesando un largo camino histórico y político apenas iniciado, ha habido y habrán aún triunfos, pero habrán, ¡las hay!, derrotas, y serán inevitables, como lo serán los pasos atrás, las regresiones, no sólo políticas, sino ideológicas y organizativas, a estadios que se consideraban ya superados. Esta es la marcha de la historia de la lucha de clases y del nacimiento de toda nueva sociedad.

La visión cotidiana de quienes viven estos amplios períodos de transición, a unos, les hace ver un mundo que se derrumba y hablan de crisis y de los “buenos viejos tiempos”, es la conciencia ingenua, son conservadores; entre los otros, se encuentran quienes están comprometidos con los cambios y enfrentados a las “autoridades” establecidas, en cada éxito ya festejan la muerte inmediata del mismo, son los “exitistas”, o están también los que ante una batalla perdida, la toman como derrota de toda la lucha y de lo fútil que ha sido y será conmover un sistema tan “arraigado” y firme como una roca ante los embates del pueblo y de los luchadores; son los “derrotistas”. Pues bien, estamos viviendo tal época y se dan triunfos y derrotas, pasos hacia delante y pasos hacia atrás, avances y retrocesos, luchadores y dirigentes que se doblegan y se vuelven “realistas” pero también luchadores y dirigentes que se templan y fortalecen en sus convicciones; hombres y organizaciones que abandonan el compromiso del combate pero en contraposición aparecen hombres y organizaciones que los reemplazan y asumen sus responsabilidades. La vida social es movimiento, acción, y la esencia de ellos es el antagonismo, la oposición y su superación.

Y abordemos desde esta perspectiva el cuadro de situación descripto ante el cual se encuentran los trabajadores asalariados en el nivel general. Todos y cada uno de los puntos desde a] hasta d] constituyen sólo parte de los problemas del tránsito histórico de una a otra sociedad, y quien haya pensado o creído que esta época iría a ser relativamente corta, directa, límpida y siguiendo un “patrón” cortado a medida de sus aspiraciones carece de una comprensión de los fenómenos sociales reales. Lenín decía: “Quien espera una revolución social pura, jamás llegará a vivirla, y no pasa de ser un revolucionario verborrágico que no entiende la verdadera revolución”. Pues bien, puede hacerse una paráfrasis de lo anterior y afirmar que quien piensa que el acceso a y la construcción del socialismo debe ser una tarea “pura” – sin sangre, esfuerzos, luchas denodadas, y conflictos de todo tipo- no entiende absolutamente nada de lo que está viviendo ya que nunca verá sus “ensueños” hecho realidad.

La caída de la URSS fue y es el más imponente golpe dado al socialismo. Fue, en su momento, una enorme revuelta contra el comunismo como adversario del capitalismo en lo que era el centro principal de la “otra” sociedad. Esto no puede ni debe ser desfigurado ni atenuada su gravedad. Decir que la URSS no era un país socialista, que allí no se trataba de una sociedad cuya aspiración y construcción consistía en lo opuesto al capital es solo un atajo y un sofisma. Lo mismo podría afirmar, y en muchos casos es así, un liberal capitalista que ante las atrocidades evidentes de funcionamiento del sistema capitalista aleccionara con que “éste NO es el verdadero capitalismo”, que el “verdadero capitalismo, es justo, equitativo, igualitario, etc. etc. por lo que todavía resta “construir tal capitalismo”; y lo mismo podría pensarse del “mensaje” cristiano que todavía está por realizarse ya que la Iglesia Cristiana NO es la auténtica representación de Dios y de sus designios. De esta manera se separa el discurso de la realidad sobre la que se asienta y de la cual forma parte. Es inadmisible aceptar semejante postura.

Lo esencial, sin embargo, no reside en tal relación sino en las leyes que determinan la existencia y movimiento de una formación económico-social. Aunque se quisiera hacer del modo de producción capitalista una sociedad justa, equitativa, etc. esto no sería posible en modo alguno, ni siquiera en las versiones menos duras, ya que tal sociedad se asienta en una asimetría de carácter social irreconciliable: los propietarios no-trabajadores, dueños de los medios sociales de producción, y los trabajadores no-propietarios, sólo dueños de su fuerza de trabajo. Ésta es la base irreductible de la explotación, la desigualdad, la inequidad, sin la cual no existiría el capitalismo como estructura económica.

Puede haber [los hay] países en los que esta asimetría no adquiere las modalidades más sanguinarias y viles, pero no altera su esencia de clase y la apropiación gratuita del trabajo colectivo por el sector burgués dominante. De manera que la subordinación real del trabajo al capital ES lo sustancial de la sociedad burguesa capitalista; la continua expropiación de los trabajadores de los medios sociales de producción y su conversión en capital, constituyen la ley para su constante reproducción: los trabajadores entran como tales en la sociedad y en la producción, y salen exactamente en las mismas condiciones; mientras que los propietarios entran como tales y salen también como tales, pero con cada vez mayores posibilidades de acumulación y de dominio. Mientras permanezca la ruptura entre los trabajadores y los medios de producción, no habrá ninguna “superación” de los problemas sociales y políticos del sistema pues porque ¡es él mismo quien los produce y de los cuales se nutre!

Ahora bien, cuando examinamos el tipo de construcción socialista que desde la URSS se difundió como “modelo socio-económico” opuesto rivalizando con el capitalismo, para nuestro desconcierto y perplejidad encontramos que aquella subordinación real no fue superada. Se expropiaron a los capitalistas individuales, se los reemplazó en la gestión y administración por “cuadros” partidarios [PCUS] dotados de poder y autoridad no sólo desde la pertenencia al partido sino por el hecho mismo de la autoridad y responsabilidad que surge de cualquier tipo de organización en cualquier sociedad en la que se establecen relaciones jerárquicas. Era esto lo que otorgaba el carácter de socialismo a la nueva sociedad y así se conoció y difundió. Este ERA el socialismo para sus trabajadores y para el mundo todo.

De manera que el partido-Estado configuró el principal [no el único] propietario “colectivo” en la sociedad, ante la inmensa masa de trabajadores asalariados que continuaron siendo tratados como “vendedores” de su única mercancía: la fuerza de trabajo. No era, pues, una sociedad colectiva por la propiedad, colectiva por la administración, colectiva por la distribución y el consumo. Seguía manteniendo notorias relaciones de parentesco estructural con el capitalismo. Ya no era capitalismo a secas pero tampoco era comunismo en gestación.

Cierto es que se puede considerar que esto, hasta cierto punto, era inevitable en principio por haber surgido la revolución no ya en un país industrialmente atrasado sino directamente con relaciones de producción feudal conteniendo además formas “comunales” de propiedad de la tierra. Y que a lo anterior se puede agregar la no menos asfixiante realidad de la primera guerra mundial, la hambruna de los años 1920, la industrialización a marcha forzada entre los 30 y 40, la segunda guerra mundial y sus estragos, el período de reconstrucción, etc. Cuando se hace un recuento de todo esto para la construcción económica y social propiamente dicha quedan las décadas desde el 50 hasta los 90, en condiciones de paz interna.

Pero la enajenación de los trabajadores de sus condiciones objetivas y subjetivas prosiguió impertérrita y por tanto la base de su desapego al socialismo, al partido y a los cambios revolucionarios mundiales. La clase asalariada se desentendió en los hechos de los objetivos económicos, de las responsabilidades políticas, y de la construcción misma tal como se estaba llevando a cabo: era la gran ausente. El tipo de socialismo a la URSS NO eliminó la ruptura entre los trabajadores y los medios de producción, al contrario, bajo una nueva configuración se perpetuó. Si se añaden el autoritarismo político, las limitaciones a los derechos individuales y personales de los trabajadores, los privilegios de la casta burocrática dueña en los hechos de las empresas, del partido y del Estado, las restricciones innecesarias en el consumo privilegiando criminalmente, como decía el gran economista polaco Michal Kalecki, la inversión a locas, tendremos un cuadro muy restringido pero variado de circunstancias que explicarían el por qué los trabajadores de la URSS no salieron a defender “su” sociedad: sencillamente no era “su” sociedad, no era una economía de la cual ellos fueran dueños colectivos, no era “su” construcción, era la construcción, la sociedad y la economía de unos burócratas agazapados “formalmente” comunistas. En cuanto se produjo la rebelión, lo formal se volvió real: los burócratas se convirtieron en capitalistas desembozados y la economía se reconvirtió en capitalista sin más.

Pero aquí en este episodio dramático aparecen cuestiones importantes. En principio la caída de la URSS se ha revelado como un acontecimiento histórico notable porque pone al desnudo, una vez más, la lucha de clases en el nivel internacional, y no se trata de pensar en que la burguesía mundial saboteó, conspiró y finalmente destruyó la URSS. Sí, tales “dignos” actos fueron implementados en diferentes tiempos y situaciones, pero la URSS no cayó por ellos: cayó por sus propias contradicciones y a manos de quienes hubieran debido defenderla. En segundo lugar para los trabajadores rusos y de la ex – Europa oriental, ahora ellos mismos han creado las condiciones inexorables de desarrollo de su conciencia socialista, les guste o no les guste tendrán que retomar el camino de oposición y combate que la burguesía de sus países les impondrá, que ya se los ha impuesto.

En tercer lugar es de la máxima significación histórica, política y económica, señalar que lo anterior muestra que la construcción del socialismo no sólo se hace con expropiaciones de los capitalistas, se debe hacerlo con la función social dirigente de los trabajadores propietarios colectivos de sus medios de producción pero, y no menos importante, ejerciendo el poder del Estado al modo de la democracia del pueblo más amplia. La burguesía nunca se equivocó en sus inicios: preconizó democracia para ella pero no para los trabajadores. Los trabajadores deben aprender de ella: democracia para el pueblo pero no para la burguesía.

De modo que aún en esta situación de retroceso hay un aspecto de avance en la conciencia socialista mundial. Ahora ya es una especie de “prejuicio” en la conciencia común: el trabajo debe subordinar al capital, los trabajadores gobernar su Estado, los trabajadores ser dueños y gestionadores de la propiedad colectiva, los planes económicos constituir los fines generales de la construcción con participación de los trabajadores. Sólo así se hará realidad el hecho de que los trabajadores, de ser una clase socialmente dominante, sean política y económicamente dominante hasta su desaparición. Esta es la esencia de la nueva sociedad del socialismo y por eso es diametralmente opuesta al capitalismo: propietarios trabajadores dueños colectivos de sus medios de producción, del Estado y de la sociedad. Esa es la sociedad que finalmente se impondrá y que la humanidad verá surgir en medio de los horrores que produce todavía los estertores del capitalismo imperialista.

Entonces ¿no fue socialismo lo que se estaba haciendo en la URSS? Sí, pero el tipo de Socialismo que jamás podrá afirmarse al no pasar de su primer escalón [la expropiación] al segundo y decisivo: el liderazgo efectivo de los trabajadores en las nuevas relaciones de producción y conducción del nuevo Estado. Precio demasiado elevado que ha debido pagar la clase trabajadora por arrancar desde realidades sociales y económicas retrasadas que imponen un trecho de mucha confusión y conflictos, tanto internos como externos. El propio capitalismo ya ha creado las bases materiales de la misma. Esto no es una quimera ni una apelación al “milagro” a la “esperanza” o al cambio del individuo primero para que cambie la sociedad luego. Aquí no se trata de utopía sino de la realidad más descarnada y contundente.

No nos detendremos demasiado en lo que respecta al segundo punto ya que es sabido que los trabajadores de la Europa occidental y en particular de los países más desarrollados debieron afrontar la particular situación geoestratégica planteada por la segunda posguerra: el dominio económico y militar de los EE.UU. e implementación de sus planes de “contención del comunismo”. Esto significó como fin primordial desarrollar políticas económicas, sociales y laborales que plasmaron en un nivel de consumo elevado y en la atenuación de los conflictos políticos. Esto fue, entonces, posible como resultado de la “guerra fría”, o sea de la presencia y el poder de la URSS como representante del comunismo en la confrontación mundial, y claro está en no poca medida por las ganancias imperialistas de la explotación del mundo periférico. Las organizaciones partidarias debieron variar sus plataformas y procedimientos de lucha y hasta pudieron jaquear dentro de sus propias reglas de juego al sistema y obligaron a desarrollar estratagemas y trampas político-electorales para impedir el acceso de aquellos al manejo del Estado. Había y hay todavía conciencia socialista en una buena parte de aquellas sociedades pero la burguesía supo maniobrar, dividir, y cooptar a la población trabajadora entre derecha e izquierda en sociedades capitalistas que consiguieron dilatar y posponer el ideario socialista inmediato.

Una cuestión importante y caballito de batalla de muchos escritos “posmodernos” es la planteada por el punto c]. El Adiós al proletariado tiene antiguos antecedentes ya que desde la década del 60 se ha difundido en todos los tonos y con todos los énfasis la desaparición de su función primordial en el proceso de producción, tanto que a mediados de los 70 con las innovaciones tecnológicas que planteaba la robotización en diversas ramas industriales, llegó a pronosticarse que hacia fines del siglo XX ya no habría obreros sino esas máquinas inteligentes que reemplazarían por completo a aquellos.

La actualización de aquellas publicaciones y debates es ahora la que se plantea entre la denominada “producción material” condenada a una muerte poco menos que a ojos vista y su acelerado reemplazo por la “producción inmaterial”. ¿Qué actividades conforman una y otra?

Con el desarrollo de modo específicamente capitalista de producción, modo que es aquél en que los trabajadores están subordinados realmente por el capital, que ya se ha parado sobre su propia técnica, ha variado la escala de producción y construye su propio mercado, concentra cantidades ingentes de trabajadores bajo la forma fabril que se abre paso desde la manufactura hasta la gran industria maquinizada. Esta fue la figura típica del proletariado como sinónimo de obrero productivo de masas crecientes de mercancías o producto material. La industria textil, la del hierro, la extractiva o minera, la agricultura y ganadería pueden ser mencionadas como ejemplos de aquél tipo “tradicional” de producción.

Pero en esta producción el capitalismo siguió desarrollándose hasta hoy abarcando la industria de la construcción, silvicultura, piscicultura, transportes, infraestructura y electricidad y toda la enorme extensión en ramas de la industria: acero, petróleo, petroquímica, automotriz, aérea, plástico, bioquímica, armas y aparatos espaciales, etc. etc. sólo para nombrar las más conocidas.

La lógica de funcionamiento del capitalismo está en subordinar la mayor cantidad posible de actividades que puedan generar ganancias y que antes o no existían o existían como actividades individuales de pequeños propietarios independientes o actividades que no plasmaban en mercancías, por ejemplo artistas, docentes, médicos, abogados, etc. en los que la producción no es separable del acto mismo de producir. Pero el notable cambio en el proceso de producción “inmaterial” se dio a partir de los últimos 50 años en que el capitalismo es su forma económica de actividad en: sector público [Estado], sector monetario y financiero, comercio, investigación, comunicaciones, educación, medicina, justicia, etc. En las dos últimas décadas las ramas vinculadas con la cibernética y los procedimientos de administración por computadoras ha desatado una oleada de inversiones que requieren fibras, chips, microchips, etc.

De manera que el campo de explotación de la fuerza de trabajo asalariada se ha expandido notoriamente ¡pero esto no es sinónimo de “desaparición” del proletariado! ¡Al contrario! La fuerza proletaria está cada vez más presente y con un mayor radio de acción productiva, social y política porque lo que se ha ido restringiendo es la centralidad del proletariado fabril ¡pero no porque esté muriendo la producción material, sino porque se ensanchó la producción inmaterial! Hay que quitarse del pensamiento la asociación inmediata proletariado = obrero fabril y sustituirla por proletariado = trabajadores asalariados. Y es con este contenido que en este trabajo se utiliza la expresión “trabajadores asalariados” de manera deliberada para alejarse de aquella figura que tiene más que ver con la época de la maquinaria y gran industria del siglo XIX que con lo que realmente sucede en la actualidad.

Por ello afirmamos que no sólo los trabajadores no han perdido centralidad y sustancialidad histórico-política sino que se ha vigorizado y la sociedad del capital es hoy sociedad del trabajo asalariado como su contraparte. ¿Cómo sería posible aceptar que en el momento en que más se expande el trabajo asalariado al ritmo de la expansión del capital en multiplicidad de ramas antes fuera de su alcance, en que cada vez más es evidente su carácter de clase socialmente dominante, esté desapareciendo porque habría un predominio del trabajo “inmaterial”? Como se puede apreciar esto es un error en la comprensión de los cambios capitalistas y en la ubicación exacta de la clase en la producción pero también en la política. Esto, se traduce políticamente en que se quita el sujeto portador del cambio revolucionario y que se deserta de la revolución y del socialismo.

Y esto es exactamente lo que expone y defiende Toni Negri en su obra “Imperio”. En reemplazo de la clase social ha dado con un hallazgo: los trabajadores asalariados habrían sido reemplazados por “la” multitud “De hecho, desde la perspectiva de una sociología del trabajo renovada, los trabajadores se presentan cada vez más como portadores de capacidades inmateriales de producción. Se reapropian de los instrumentos/herramientas de trabajo. En el trabajo inmaterial productivo, este instrumento es el cerebro [y en este sentido, la dialéctica hegeliana herramienta está finalizada]. Esta singular capacidad del trabajo constituye a los trabajadores en multitud más que en clase”

Cuando el materialismo marxista avanzó en el análisis de la sociedad burguesa haciendo ver que las luchas no eran “pueblo” contra “Monarquía” o “Estado feudal” sino entre sujetos sociales actuantes como clases [proletariado, burguesía, pequeña burguesía, terratenientes, etc.], que aquél concepto de carácter unitario ocultaba en realidad hombres e intereses determinados en las relaciones de producción de una manera objetiva y antagónica, suministró una poderosa herramienta analítica. Pues bien ahora se nos propone retroceder aún a etapas “pre-pueblo” si se nos permite esta forma de expresión. ¿Qué es “la” multitud?, pues no otra cosa que “una multiplicidad de singularidades, ya mezcladas, capaces de trabajo inmaterial e intelectual, con un enorme poder de libertad”. [T. Negri, “Entrevista de Danilo Zolo”, Revista italiana Da Reset”, octubre 2002, pp. 12, 13, 19]. En lugar de un avance se expone una noción vulgar “multitud” que respecto del vocablo “pueblo” tiene la característica de ser un retroceso analítico y una abjuración del materialismo marxista ya que éste exige el análisis concreto desde las luchas de clases y no desde una “sociología del trabajo”.

Respecto del último punto diremos brevemente que los acontecimientos políticos en América lo que están mostrando es una dura confrontación entre las políticas, los programas y los objetivos de partidos y organizaciones pequeño-burguesas y las que sostienen los trabajadores que vienen de décadas de persecución, tortura, muerte y decapitación de sus instituciones, sindicales y políticas. Están sosteniendo estos últimos un camino de enfrentamiento con aquellas clases y dentro de ellas mismas, necesitadas de un doble esfuerzo: el de pelear los liderazgos socio-políticos y el de depurar sus propias estructuras [Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Venezuela, son sus ejemplos]. Por lo demás las fuerzas políticas que se inspiran y respaldan en el materialismo marxista como su concepción ideológica deberán tener siempre presente que el socialismo marxista es sólo una de las fuerzas en lucha y deben preparar y educar sus estructuras para compartir con otras fuerzas provenientes de otras ideologías y de otras experiencias el combate permanente contra el sistema.

Así, pues, no podemos sino concluir este parágrafo señalando que:

1] La actualidad del socialismo es una realidad objetiva y preeminente del conflicto de clases mundial.

2] Los trabajadores asalariados constituyen la clase sobre la que ha recaído la responsabilidad de los cambios revolucionarios en la sociedad burguesa.

3] Los trabajadores asalariados constituyen la clase socialmente dominante de la realidad burguesa.

4] Los trabajadores deben ser – y en algunos casos ya lo son – la clase dirigente de los cambios revolucionarios y de la construcción socialista, en unión con otras clases y capas explotadas por el capital.

5] La burguesía es ya una clase completamente reaccionaria y que sus objetivos políticos y militares son la defensa a ultranza del statu-quo del imperialismo capitalista financiero.

3] Imperialismo monopolista financiero

Etapa financiera de la fase imperialista

Establecer con nitidez el vínculo concreto entre los fenómenos de la nueva etapa del capitalismo monopolista imperialista y los problemas políticos y organizativos que de ellos se desprenden para los trabajadores asalariados en su lucha por el cambio de la sociedad burguesa, he ahí el quid teórico fundamental que, como desafío acuciante, se le presenta al materialismo marxista hoy, sin desconocer las enseñanzas que deben desprenderse de las experiencias socialistas conocidas.

Pero abordemos el primer problema ¿A qué nueva etapa del capitalismo monopolista se alude? Partimos de considerar que se mantienen los aspectos fundamentales del monopolismo imperialista como fase superior del capitalismo, pero que en las últimas décadas ha dado un paso adelante gigantesco respecto de su etapa monopolista primaria. Es cierto que el carácter financiero formaba parte prominente del capitalismo monopolista de la época al punto que puede afirmarse sin dudas que el Imperialismo era y ES el dominio del capital financiero. Antes constituía la modalidad de fusión del capital industrial y el capital bancario desarrollando de modo acelerado su acumulación por medio de las formas monopolistas más diversas: Kartell, Ring, Corner, Sindicato industrial, Pool, Trust, etc.

Hoy esto ya no alcanza. El capital financiero ha dado pasos enormes dentro de sí mismo llevando el carácter financiero a sus niveles más altos: el dominio casi omnímodo sobre todas las demás formas de existencia del capital [industrial, comercial, de servicios, etc.]. No es otra cosa que el dominio y el poderío de la cúspide burguesa como oligarquía financiera. De manera que hoy el capital financiero no representa ya más – o no sólo- aquella fusión sino que es la potencia del capital mismo como conjunto expresando la totalidad de los intereses de la burguesía. Una de las formas adoptadas jurídico-administrativa es la sociedad “holding”, que reúne o convoca en enormes consorcios transnacionales, pero con sede en los países capitalistas más desarrollados, cuantiosos fondos dinerarios en la forma de activos financieros.
La sociedad “holding” pasó de la creación de un “comité de trustees” como depositario de la mayoría de las acciones de cada empresa constituyente del comité y que al estar integrada precisamente por los accionistas propietarios de ellas, dirigía la actividad económica de todas las sociedades que se mostraban como “autónomas”, a una nueva forma: la constitución de un consorcio supercapitalista con existencia jurídica propia, pero cuyo único activo consiste en las acciones de las empresas monopolistas coaligadas por decisión de los accionistas mayoritarios que las dominan y manejan. Estas “empresas” son monopolios puramente financieros que emiten a su vez nuevas acciones a favor de sus socios, quienes jurídicamente pierden la propiedad de las acciones de las empresas productivas y las cambian por las del “holding” que de ahora en más se erige en la dirección verdadera que fiscaliza y decide la actividad de todas aquellas “empresas” originarias.

Pues bien, todas estas formas continúan existiendo hoy, pero el rasgo distintivo es que en este capital monopolista financiero lo financiero es lo decisivo al punto que lo dominan asociaciones de Bancos con extensión e influencia mundiales que subordinan al capital productivo. Esta es la representación actual y más genuina “del” capital en su conjunto como totalidad y cúspide frente a los capitalistas individuales, siempre que se exprese como capital dinerario pero sobre todo en activos financieros públicos y privados: títulos, bonos, acciones, etc. emitidos en monedas “fuertes” como el dólar o el euro. Es a esta nueva situación que llamamos “etapa” nueva dentro de la “fase” superior del capitalismo que es el imperialismo, de allí la denominación que utilizamos monopolismo imperialista financiero, con la finalidad de acentuar lo financiero y no para pretender señalar que se trata de una “nueva” fase del capitalismo imperialista, posterior y superior. Imperialismo financiero + cúspide de la oligarquía financiera + políticas de sojuzgamiento del mundo periférico ¡he aquí el Imperio! Capitalismo imperialista financiero ES el capital en general, objetivo, real, dominante en el mundo burgués.

Podríamos resumir algunos de los aspectos más importantes que caracterizarían a esta etapa de la fase imperialista financiera del capitalismo:

1] Una notable concentración [acumulación] del capital y una acelerada centralización de la propiedad de los monopolios financieros ahora transnacionalizados pero con matriz en un puñado de países más desarrollados. Se trata de gigantescos consorcios o corporaciones capitalistas que abarcan y penetran la vida económica entera ya no sólo de algunos países sino del mundo todo.

2] Los Bancos e instituciones financieras que ya eran importantes en los inicios del siglo XX, se han transformado en el centro decisivo y nervio motor del capitalismo imperialista financiero. Sus actividades y transacciones son en su esencia puramente especulativas. Algunos rasgos:

I] la concentración bancaria ha transformado la tradicional actividad de intermediación en los movimientos del capital dinerario a inicios del siglo XX, en una actividad de pocos y gigantescos Bancos monopolistas en la cual pueden observarse “pisos” de especialización: bancos comerciales, bancos de inversión, bancos de bancos y “holdings” bancarios;

II] la actividad primordial de estos descomunales monopolios es fundamentalmente de carácter “especulativo”, incluso ha llegado a tal nivel esto que ahora los consorcios monopolistas mismos, productivos, industriales, comerciales, y también los de servicio son concebidos como “mercancías comunes”, se han transformado en objeto de transacciones entre estos grupos o consorcios cual si se trataran de materias primas o latas de conserva. Puede decirse que constituyen una “especialidad” de la ingeniería financiera del monopolio: comprar “grupos”, “corporaciones”, “racionalizarlas” o “sanearlas” y venderlas realizando cuantiosas ganancias, tal la acuciante, ya que no existe el interés en mantener ni expandir ninguna de las propiedades que caen bajo su dominio financiero.

¡Claro es que las empresas desde siempre fueron objeto de compra-venta! Pero su expansión y difusión es tan enorme que podría afirmarse que ya constituyen una rama de las especulaciones capitalistas “diarias”. Se han convertido en objetos de jugadas arriesgadas y apuestas de tahúres. John M. Keynes había advertido en los años 30 este carácter especulativo y altamente dañino para el sistema cuando diferenciaba entre los capitalistas como hombres de espíritu de empresa y aquellos cuya actividad es estar atento a los movimientos, transacciones, y fluctuaciones de los mercados, o sea los especuladores. Afirmaba que: “Los especuladores pueden no hacer daño [al sistema, dice el autor] cuando sólo son burbujas en una corriente firme de espíritu de empresa; pero la situación es seria cuando la empresa se convierte en burbuja dentro de una vorágine de especulación. Cuando el desarrollo del capital en un país se convierte en subproducto de las actividades propias de un casino es probable que aquél se realice mal” [J.M. Keynes, “Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero”, FCE 1965, p. 145]. De manera que si aceptáramos esta notable premonición en el desarrollo del capitalismo monopolista imperialista habría que denominarlo como capitalismo financiero de casino.

3] Etapas de evolución del comercio capitalista: a] exportación de mercancías,

b] exportación de capitales, en el sentido de inversiones directas, y c] exportación financiera, en el sentido de endeudamiento público y privado de la periferia hacia los centros y por medio de ello sometimiento económico y político de estos países. Es el capital financiero “usurario” y expoliador.

4] Diferenciación entre “potencias rectoras”, esto es dominante, y socios “menores” pero integrantes del centro del sistema en calidad de “corifeos” de aquellas. Las potencias rectoras, en los hechos, desempeñan el papel de “líderes” del mundo y se asocian en un “comando central”, integrado por EE.UU. + Gran Bretaña + Alemania + Francia, comando del cual los EE.UU. son su “comandante en Jefe”. Sus socios menores conforman una “segunda línea” de apoyo y seguimiento de las políticas del comando central: Japón, Canadá, Italia, Austria, Holanda. Aun cuando existen diferencias entre ambos niveles e incluso en el “comando central” lo esencial es el monopolismo financiero imperialista y sus planes y políticas de sojuzgamiento del mundo no desarrollado.

5] Aspecto distintivo importante de esta etapa es la de la subordinación a estos holdings monopolistas de los grandes grupos capitalistas interesados en la producción material [capital productivo] y que ahora absorben también a los modernos consorcios dedicados a los servicios [producción inmaterial].

6] El imperialismo monopolista financiero, propietario y administrador de billones y billones de dólares y de euros ha penetrado toda la sociedad burguesa y lo hace independientemente de los sistemas políticos y va más allá del Estado. Aun cuando éste no le signifique un obstáculo va más allá de él y lo supera, ha creado, sostiene y afirma instituciones políticas, jurídicas y económicas “supranacionales” que las presenta como “mundiales” y rectoras para el conjunto de la sociedad toda sin distinción de diferencias económicas, regímenes políticos ni de situaciones sociales. Pero esto no quiere decir que renuncie a esa condensación del poder “nacional” que es el Estado de sus propios países capitalistas más desarrollados. Incluso ante conflictos entre las entidades “supranacionales” y las “nacionales” terminan siempre predominando estos últimos. Pero en relación con los países periféricos los países del comando hacen valer a los organismos “supranacionales” dado que no es sino una prolongación de sus intereses mimetizados como “mundiales”.

Por eso pensar que el capitalismo actual ha dejado atrás su fase imperialista, decir que “el imperialismo ha concluido”, en tanto es posible advertir la conformación de instituciones mundiales de orden superior a los Estados-Nación, tipo de Estado que sería la característica del orden moderno hasta el siglo XIX y comienzos del XX pero no ya de la actual posmodernidad, es un error y al mismo tiempo una ilusión. No hay todavía evidencias rotundas e irrefutables de desaparición de los Estados-Nación en pro de una juridicidad internacional que lucha por “valores” y se impone la finalidad de establecer “la” paz en las regiones en conflicto: “La paz, el equilibrio y el cese de los conflictos son valores hacia los que todo se dirige” [Negri-Hardt, “Imperio”, Harvard University Press, 2000, p. 18]. Esta posición de parte de quienes la sostienen no es otra cosa que el reverdecimiento del “ultraimperialismo” que en su época [inicios del siglo XX] también se exponía como una supranacionalidad que superaba la rivalidad competitiva y se manejaba por “acuerdos” para resolver sus intereses encontrados. Esto es un “neokautskismo”.

Que hay una efectiva y visible tendencia hacia ello junto con formas de construcción en tal sentido sería una necedad negarlo. Si la sociedad burguesa, en su momento de ascenso fue cristalizando su dominio socio-económico bajo la forma de los “Estados-Nación”, no es para nada llamativo que en su momento de declinación histórica y por la acción de su propio proceso de acumulación de capital empiece a mostrar ahora que este tipo de Estado tiene sus límites y desarrolle tendencias a su superación. Allí están la O.N.U. y sus organismos que lo componen: F.A.O; O.M.C; UNESCO; etc. allí está el Tribunal Internacional de La Haya; allí están en el orden económico-monetario el F.M.I; el Banco Mundial, el B.I.D; etc. Pero esto es sólo un ángulo de tal proceso: el de una transición hacia un orden efectivamente internacional, aún inexistente, y que quizás pueda en lo futuro –un futuro muy lejano en verdad- convertirse en tal. Pero de ese futuro nada podemos decir hoy. Lo que sí podemos y debemos decir hoy es que estas instituciones están, en los hechos, manejadas por los países imperialistas y a su servicio, más todavía luego del derrumbe de la URSS y a pesar de que estén China, Cuba, Viet-Nam en tales organismos.

La ONU fue descaradamente dejada a un lado por los EE.UU. para invadir Irak. ¡Ningún miembro [país] denunció y votó señalando que violaba todas las reglas establecidas desde la 2da. posguerra! Más aún los socios del “comando” Alemania, Francia, Gran Bretaña, acompañadas de algunos de sus socios menores [Canadá, Italia] mediante su maquinaria guerrera que es la O.T.A.N. se encuentran invadiendo y matando en Afganistán, con el acuerdo, dirección y el beneplácito de los EE.UU.

¡Qué decir del F.M.I.! ¿No es acaso un verdadero Banco Central usurario de las “potencias rectoras”, despótico y dictador que con desembozada prepotencia financiera utiliza el endeudamiento de los países periféricos como instrumento de sumisión y política de extorsión para imponerles su propia estrategia de dominio? A simple título de ejemplo es necesario recordar que en esta institución “supranacional” los países capitalistas desarrollados, los de la primera línea [el “comando”] tienen más del 60 % del poder de voto sobre las decisiones y controlan directamente las políticas y los procedimientos de su instrumentación, en tanto que los países periféricos que son el 50 % de la economía del mundo, constituyen las tres cuartas partes de los miembros y tienen el 80 % de la población mundial, sólo representan el 40 %.

Y si por una serie de conflictos, obstáculos o dificultades estas “instituciones” dejaran de servir a los fines para las que han sido creadas, de inmediato las modificarán o bien crearan otras nuevas para seguir sirviendo a sus intereses. Por estas razones afirmar que “los EE.UU. no pueden e incluso ningún Estado-Nación puede hoy constituir el centro de un proyecto imperialista. Ninguna Nación será líder mundial del modo que lo fueron las naciones modernas europeas” [Negri-Hardt, “Imperio”, Ediciones Harvard University Press, 2000, p. 6]] es mofarse de la realidad.

No obstante esto no quiere significar que entre los países integrantes del “comando” no existan problemas. Pero las tensiones y rivalidades entre ellos se atenúan, en tanto que prontamente elaboran políticas y estrategias comunes frente a la periferia y a los países socialistas aun existentes. Políticas y estrategias de carácter económico, comercial, jurídico y militar. A veces surge entre aquellas “potencias rectoras” diferencias sobre situaciones políticas que las llevan a tomas de posiciones diplomáticas opuestas. Así se alían los EE.UU. y Gran Bretaña por un lado y Alemania-Francia por el otro.

Pero ante el planteo ¿cómo administrar el resto del mundo en provecho nuestro como un todo en igualdad de condiciones? las conductas son acuerdos, negociaciones, tratados, convenios, etc. entre ellos –aun cuando esto en el comercio mundial no elimina ni dumping, ni subsidios, ni proteccionismo, ni mercados cautivos, ni sobornos, ni latrocinios, = guerra comercial – , pero imposiciones comerciales, coacción política, sojuzgamiento jurídico, endeudamiento forzado, y, si viene a cuento, violencia militar, para con el resto – los Estados-Nación periféricos – obligándolos a aceptar la “nueva” situación mundial del capitalismo imperialista financiero, lo que entre otras cosas implica subordinación al capital financiero y su supuesta “nueva” juridicidad mundial, o guerras “preventivas” y de “castigo” por no querer entrar o bien querer “salir” de él.

Se aprecia que no se puede ni se debe poner en un plano de igualdad a los Estados-Nación de los países desarrollados con los de la periferia explotada. Y esta es otra característica que debe retenerse como distinta de lo que ocurría entre estas mismas potencias durante el lapso colonial: guerreaban entre sí para “repartirse” el mundo, éste era un “botín”. Ahora ya no; acuerdan para tragarse el mundo periférico de consuno y uno de los argumentos jurídico-político al que apelan es el de que los “Estados” y sus corpus jurídicos y constitucionales deben subordinarse ante las leyes y reglamentaciones mundiales. Lo que no dicen es que esto es para los Estados-Nación de la periferia pero no para sus propios países. La esencia de la “ley internacional” es la del capitalismo imperialista financiero.

Repetimos y recordamos, la esencia del imperialismo financiero sigue siendo el capitalismo monopolista, y su prolongación inexorable es la coacción y la guerra. Es al mismo tiempo que una forma y una etapa del capitalismo en el nivel de sus relaciones de producción, una forma de la actividad de clase de la burguesía, y en particular de su fracción más activa, o sea su oligarquía financiera, usuraria y especulativa, y es también una forma de Estado que utiliza y adapta como su centro condensado de poder jurídico-político-militar los intereses comunes de la burguesía toda como clase dominante de los países capitalistas más desarrollados.

Acentuar el carácter financiero del capitalismo actual, pues, es señalar la forma más abstracta y la más incesantemente movediza del capital. Bajo esta forma el capital se muestra como producido y reproducido en y por sí mismo. Aparentemente sin mediaciones, procesos ni obstáculos. Bolsa, mercados de valores, especulaciones, manipulaciones de títulos y bonos, maniobras monetarias, negociados, corruptelas y expropiaciones de todo tipo inundan las transacciones y actividades de aquellos países y por supuesto alcanzan a los periféricos como ejemplos a imitar y caminos a seguir. Así entonces, la amplia difusión de actos de corrupción – el fenómeno de la corrupción siempre formó parte de la historia del capital desde su nacimiento – la delincuencia, los negocios espurios, el surgimiento de ramas delictivas [tráfico de armas, drogas, mercancías falsificadas, etc.] se extienden universalmente como modos de sobornar y corromper a políticos, funcionarios y hasta dirigentes sindicales e instituciones de todo tipo cuya intervención requieran aquellas actividades para lograr sus fines.

Dinero, acciones, títulos, fideicomisos, fondos de inversión, “representan” el capital como abstracciones reales que se muestran virtuales y adquieren el movimiento evanescente de una danza mágica fascinante e inasible: es el fetichismo fantasmagórico de estos “entes” financieros cual si estuvieran provistos de autonomía, personalidad y espíritu propios. Claro es, no pueden ni podrán autonomizarse completamente de la producción mercantil e industrial, tienen que mantener tales condiciones objetivas para su subsistencia, pero la voracidad de sus propietarios los impulsa cada vez más allá de sus límites, por tal razón son ellos los que han concluido en dominar y subordinar las transacciones reales de mercancías, consorcios y capital. Estos últimos son ahora momentos del movimiento especulativo del capitalismo financiero. Este capital es infinitamente más lábil, más temeroso que aquellos, ya que siempre aparece la amenaza de un hundimiento, de un nuevo crack, pero hasta tanto no ocurra, burbujas, riesgos, timba en el casino internacional continúan.

¡Este es el Imperialismo! ¡Este es el Imperio! ¡Visible no difuso! ¡con “comando central”, con “territorios” e instituciones! Extremadamente visible además en un Estado-Nación [los EE.UU.] que se arroga el derecho de ser “líder” del mundo y la facultad de implementar políticas de coacción y de guerra, nunca de paz.
Este es el terreno en el que se desenvuelven las luchas de los trabajadores asalariados y de los explotados del mundo entero bajo el imperialismo financiero. ¿Cuál es, pues, la consecuencia que se desprende de la actualidad del socialismo y de la etapa imperialista-financiera? Toda lucha, todo conflicto, toda oposición que encabecen los trabajadores asalariados, afectan directamente y frontalmente a la burguesía imperialista como guardiana del statu-quo, y esto aunque todas aquellas acciones se desenvuelvan en nuestras sociedades periféricas ante clases burguesas que “aparentemente” pudieran no tener nada de imperialista y mucho menos de financiera.

No aceptar esto último sería un desconocimiento de la situación mundial concreta que ha producido el capitalismo monopólico en general y el imperialismo financiero en particular, toda confrontación de clases en un país, en una región, etc. en cualquier lugar del mundo capitalista es parte constituyente de la rebelión general a escala histórico universal de los trabajadores y de los oprimidos, con sus particularidades históricas, culturales, políticas, etc. con su específica relación de fuerzas, con sus alianzas y su grado de maduración de condiciones objetivas y subjetivas.

El acceso de partidos y organizaciones pequeño-burguesas al manejo de la administración estatal, es cierto, enturbia aquél hecho, porque debe señalarse que estas clases lamentablemente e inexorablemente se doblegan siempre ante el gran capital imperialista y al final siempre “gobiernan” como representantes de aquél ante la población trabajadora y otras capas que los apoyaron por ser “progresistas”.

De manera que para decirlo enfáticamente y aun a riesgo de que esto parezca una antigualla estrafalaria: no puede haber confusión ni vacilación sobre esta cuestión. La etapa de las “revoluciones democráticas” y cambios “progresistas” con la burguesía a la cabeza o en alianza con fracciones “nacionales” pequeñas y medianas, etc. ha pasado a la historia a nivel mundial. Toda confianza política en ellas es pura distracción y es llevar a los trabajadores a la cola de clases que traicionarán y capitularán, más aún, que volverán el garrote de la represión contra ellos y sus reivindicaciones. La etapa histórica de la propia evolución del capitalismo monopólico ha convertido a las burguesías en reaccionarias en el plano de la lucha de clases.

Toda actividad sostenida, organizada, sindical, política y económica de los trabajadores asalariados como la permanente movilización de las nuevas formas de resistencia social [desocupados, marginales, piqueteros, O.N.G. aborígenes, feminismo, etc.] impacta y conmueve la sociedad burguesa establecida junto con sus lazos imperiales. Contrariamente a lo que se pueda pensar apresuradamente el capitalismo de los países centrales que colonizaron primero nuestros países y que después una vez obtenida su independencia política, saquearon sus riquezas, NO los desarrollaron por la vía capitalista. Los explotaron con formas atrasadas, feudales y semifeudales de relaciones de producción, los “subdesarrollaron”, los expoliaron y cuando aparecían arrestos de políticas de industrialización se opusieron rabiosamente. La crítica histórico-económica ha demostrado esto de manera irrefutable.

Pero con todo, este cuadro no impidió definitivamente la apertura de tal proceso, sobre todo a partir de las guerras y de la depresión del mundo capitalista entre 1914 y 1945, que exigieron perentoriamente políticas proteccionistas y la conformación de un mercado interno basado en la acción de las burguesías “nacionales”. La esencia objetiva de las políticas de estas clases era la de ser “antiimperialistas” sin ser anticapitalistas, esta situación confundió a muchos partidos y direcciones de izquierda y las puso a remolque de aquellas clases creyendo en la “revolución democrática”. La historia mostró que la industrialización no era “liberación” de clases ni, muchos menos un camino al socialismo, porque la clase portadora del cambio no estaba organizada para tal fin ni sus direcciones tenían claridad teórica sobre la situación mundial y nacional. Pero tampoco tal proceso eliminó – no podía – el sometimiento al imperialismo y la explotación de los recursos internos.

Esta situación de sojuzgamiento continúa aún, pero lo que ha cambiado drásticamente es la relación de fuerzas de las clases en lo interno. Al haber un desarrollo industrial burgués en el cual los inversores imperialistas suelen ser los más poderosos ya que manejan producción, comercio exterior, Bancos, grandes comercios, etc. muestran visiblemente la cara del imperialismo en lo interno sin resolver los problemas de la explotación, la pobreza, las desigualdades, la miseria creciente de la población más explotada. No lo pueden resolver porque sencillamente crean tales situaciones de opresión y miseria, no vienen a superarlas ¡viven de ellas! Todo lo cual significa que mantienen y reproducen las condiciones objetivas de la oposición y de la rebelión antiburguesa y anticapitalista. Lo que queda siempre como desafío candente es la transformación de las condiciones subjetivas en el sentido político, ideológico, organizativo, como fuerza unida y masiva de todos los trabajadores o, al menos, de su mayoría, para esta nueva etapa que ha abierto el imperialismo financiero.

Quizás deba decirse lo anterior de otro modo: ya no existe el problema teórico político de ¿cómo transformar la futura revolución burguesa en revolución proletaria? que fue el leiv-motiv pre- Revolución de Octubre y que se extendiera como “táctica” universal a partir del estalinismo hasta no hace muchos años atrás. Aquél “futuro” ya pasó: hoy el problema es ¿cómo los trabajadores asalariados tienen que llevar a cabo los cambios revolucionarios socialistas? ¿mediante qué vías, cuáles alianzas y, sobre todo, qué tipo de organización o tipos de organización deben construir o acelerar su construcción si ya existen tales fuerzas orgánicas?


4] De nuevo la cuestión del poder y del Estado


Su esencia como arma de clase

Sin analizar ni profundizar cuál es la esencia del Estado desde el ángulo del conflicto de clases no es posible entender de la realidad de la sociedad burguesa y su evolución. El Estado, y nunca estará de más volver e insistir sobre el tema que parece siempre estar en entredicho, es la concentración de los intereses centrales y comunes de las clases dominantes, que cuida, vigila y administra la sociedad y la producción en su favor. Pero es aún más. Cuando se agudizan los conflictos aparece sin tapujos su esencia clasista y al mismo tiempo su función de arma, de instrumento decisivo e insustituible para el mantenimiento del “orden” [statu-quo] establecido, por tanto para el mantenimiento y reproducción del dominio de las clases propietarias.

Lo anterior es extremadamente importante porque la cuestión de la “esencia” del Estado no pasa por repetir definiciones sabidas de carácter político o en dar explicaciones en el nivel de la filosofía de la Historia o señalar sus características “jurídico institucionales”, orientado al “ordenamiento” de la sociedad para mejor llegar a los resultados del “equilibrio” y la “paz” sociales puesto que su función es actuar como árbitro imparcial en medio de las “inevitables diferencias” que toda sociedad muestra.

“Actualizar”, entonces, la cuestión del Estado significa “desacralizarlo”, “desmitificarlo” y sentar su crítica de manera concreta explicando y aclarando que no debe considerárselo como una especie de “naturaleza inconmovible”, como una institución por encima de las clases y único e irreemplazable ente rector del orden social burgués y que las instituciones que ha construido para objetivar su democracia [república ejecutiva, república parlamentaria, monarquía parlamentaria, etc.] son nada más que modalidades jurídico-políticas del dominio real de la burguesía.

Dos son las líneas que parecen abrirse paso en la literatura política actual sobre esta cuestión: 1] la que considera al Estado y sus estructuras jurídicas plasmadas en Nación, como algo superado, algo correspondiente a la etapa de la modernidad surgida del Medioevo e instalada firmemente a partir del siglo XIX en la Europa occidental y desde allí “exportada” al resto del mundo. Esta realidad sería la de una “soberanía” declinante de aquellas Naciones-Estados hoy incapaces de regular los intercambios económicos y culturales. Este tipo de Estado es el que está siendo reemplazado por una “nueva forma global de soberanía” en el nuevo espacio de la “globalización” y del capital transnacionalizado.

Se afirma además que “la globalización es un hecho y es fuente de definiciones jurídicas que proyectan una figura supranacional única de poder político” [Ver, “Imperio”, Negri-Hardt, H.U.P. p. 14] que lo verdaderamente nuevo consiste en que “Una nueva noción de derecho, o más aún, una nueva inscripción de la autoridad y un nuevo diseño de producción de normas e instrumentos legales de coacción que garanticen los contratos y resuelvan los conflictos” [Ibídem]

La otra posición es completamente diferente y sostiene que el Estado es siempre en todo tiempo y lugar un mecanismo de poder. Que la lucha por ejercer tal poder en los procesos sociales y políticos lleva a una situación de carácter perverso: antes era manejado por cierta clase que se oponía a cederlo, luego del cambio hay otra clase que se lo arrebató y lo maneja. Pero lo central es que sigue siendo un poder alejado de la realidad y necesidad de las masas. Aquí Estado y poder se identifican y se sitúan inevitablemente en manos de grupos y/o partidos que “reproducen” el poder para sí y no permiten el despliegue del poder de todos para todos. Síntesis: no se puede cambiar el mundo por medio del Estado… Éste es el desafío revolucionario a comienzos del siglo veintiuno: cambiar el mundo sin tomar el poder” [J. Holloway, “Cambiar el mundo sin tomar el poder”, Universidad Autónoma de Puebla, México 2002, pp.39-41] Pero ¿Cómo se puede cambiar el mundo sin tomar el poder? La respuesta es obvia: no lo sabemos” [¿¿??] [Ibídem, p. 43]

Con relación a la primera posición nos hemos referido ya en el parágrafo sobre el Imperialismo Monopolista Financiero señalando lo que contiene de captación parcial de los cambios en el imperialismo mundial y el Estado burgués, y simultáneamente lo que tiene de erróneo. En un autor que se vanagloria de “no ser leninista” y sí ser “maquiavélico” y que, además, manifiesta que “el antiamericanismo y la fe en los Estados-Nación corren de la mano… y que el antiamericanismo es una actitud débil y mistificante en la actual fase de definición crítica de la constitución del nuevo mundo…que el antiamericanismo es un estado mental peligroso, una ideología que mistifica los datos de análisis y oculta la responsabilidad del capital colectivo. Debemos alejarnos de él” [Entrevista a Negri por Danilo Zolo en Revista italiana “Da Reset”, octubre 2002], no se puede dejar de olfatear cierto tufillo pro-yanqui so pretexto de elaborar el Imperio como un nuevo principio teórico. Esto de por sí no invalida sus argumentos pero es bueno saber desde qué clase social se habla y defendiendo qué intereses.

Respecto de la postura del sociólogo Holloway, no es mucho lo que de importante puede decirse. El autor manifiesta una angustia y una desesperanza al punto que hace girar toda su obra no en el pensamiento analítico sino en “el grito”. A lo largo de 300 páginas satura al lector con una especie de neoanarquismo que lo conduce a instar a los trabajadores, militantes y luchadores a dar la espalda al Estado, al poder y a las organizaciones políticas, sobre todo a éstas últimas ya que no hacen otra cosa que reproducir la lógica del poder y del Estado como instrumento enajenado y autónomo. Esto es lo mismo que decirle a los trabajadores ¡sean enemigos de todo dominio de clase! ¡no confíen en sus propios modos de dominio y gobierno antiburgués! Sus luchas no pueden ni deben transformarse en otro Estado porque eso implica orden, dominio, poder sobre la sociedad y el individuo y en consecuencia repetir lo mismo que hace la sociedad burguesa. ¡La construcción del socialismo muestra los mismos errores y los mismos horrores que la sociedad burguesa!

Pero el autor confiesa que no sabe cómo, con qué sustituir estas realidades que le han creado un enorme “desasosiego” espiritual y moral. No importa, por de pronto difundamos esto para que, en el peregrino caso que los trabajadores las tomaran para sí, estarían a merced de toda la red de intereses, negocios, y chantajes políticos de la burguesía: ¡desarmemos a los trabajadores del mundo para que sean explotados y embaucados sin obstáculo alguno! Porque total todo está contaminado de poder. ¡Hagamos un anti-poder! que construya la “dignidad”; pero el anti-poder es ubicuo e invisible, ¿existe? ¡claro que existe! “el anti-poder está en la dignidad de la existencia cotidiana. El anti-poder está en las relaciones que establecemos todo el tiempo: relaciones de amor, amistad, camaradería, comunidad, cooperación.” [Holloway, Ibídem, p. 229]. Ahora bien dado que la burguesía imperialista no renuncia a nada que fortalezca y asegure su dominio, esto no es otra cosa que preconizar un “hippismo bonachón e inofensivo” con consignas ya pasadas de moda cuya actualización sería: ¡haga el amor no la guerra al Estado burgués! ¡Abajo el poder viva el placer! Estas concepciones demuestran no tener la menor idea del poder y del Estado, de cuál es el centro neurálgico en el que se deciden los negocios, las inversiones, las ganancias y las guerras por un lado, y la vida, la explotación, la miseria y la muerte para millones de trabajadores por el otro.

Estos disparates no merecerían ningún comentario porque no son analíticamente serios ni aun concediendo en el autor las mejores intenciones, pero lamentablemente se difunden y penetran en muchas franjas de intelectuales y militantes que suelen tomar en serio algunas de las tonterías que el libro de Holloway expone. Todo esto muestra crudamente que en el fondo de esta posición política, ¡porque se trata de una posición política! hay una especie de culto a la novedad, creer que todo cuanto en las luchas de los pueblos sea nuevo y raro o nunca visto antes, es forzosamente valioso y todo un avance, e incluso si no lo hubiere habría que “inventarlos”.

No obstante es procedente aislar de este tipo de propuesta lo que tiene de analíticamente importante aunque el autor pareciera desconocerlo: la relación de oposición entre el Estado como la instancia de lo político y del interés supuestamente general, y la sociedad civil como en quien descansa el interés particular. Los procedimientos y estructuras del primero se objetiva en la burocracia administrativa y alcanzan también a las instituciones políticas, llegando hoy a todo tipo de organizaciones sociales, culturales, y también a los partidos políticos de los trabajadores, sindicatos, etc. etc. Antes se atribuían sus “deformaciones” [burocracia, privilegios, etc.] a “desvíos” de su función natural, a actos de corrupción o decisiones personales arbitrarias de funcionarios y empleados, ahora es visible el hecho que se autonomizan y crean sus propios intereses corporativos lo que culmina en vaciarlos de legitimidad, autoridad y representantividad.

En toda sociedad dividida en clases que se funda en la explotación y en la coacción de las clases trabajadoras, ésta separación individual-general, es la forma que adquiere el sojuzgamiento que rompe la unidad social, mantiene la separación y la establece como antagonismo. La “dirección de los asuntos generales” en “interés de todos” por parte de las clases propietarias aparece, se muestra y se repite como “natural” y “anónima”. Esta situación es la que crea las condiciones rutinarias en que se desenvuelve la estructura burocrática como impersonal, cotidiana y que genera una “obediencia pasiva” y promueve una adhesión inmediata a la “autoridad” y la aceptación de un mecanismo o aparato formal pero con poder de decidir sobre las relaciones en la sociedad desde una instancia “superior” que enjuicia los actos e ideas como “ajustados” a las costumbres, lo moral y lo justo, o bien como “desajustados”, inmorales y subversivos. Por ello toda organización de las clases explotadas que impugne este estado de situación siempre será visto como “fuera de la ley” por las clases dominantes, o como mínimo “antinatural”; de manera que aceptar ésta política burguesa, es ponerse de su lado y en contra de los trabajadores. Es aceptar el poder y el Estado constituido aunque se pretenda presentarlo como aliento de “nuevas formas” no organizativas para “salirse de ellos”.

En tanto no desaparezcan las clases no podrá ser eliminada la oposición antagónica entre el interés individual y el interés general. Y siempre cabrá todavía, aún en los inicios de las nuevas formas sociales [visible en los países socialistas desaparecidos y en los actuales], que lo formal autoritario predomine sobre el contenido colectivo, y el disfrute de los privilegios que dan las “alturas” de la burocracia como estamento destacado que se hace servir en vez de ser ella la que sirva.

Pero la esencia de esta oposición antagónica reside en la estructura clasista de las relaciones producción y su manifestación como poder del Estado sobre las multitudes trabajadoras, sobre esto descansa el manejo diario, rutinario y “autónomo” de la burocracia y de los burócratas. La lucha contra el Estado burgués es por tanto la lucha contra la clase que administra el más grande instrumento de sometimiento político, social y militar; y abre al mismo tiempo la lucha contra toda sociedad de clases y contra todo poder que se aleje o enajene la administración colectiva de los intereses sociales en favor de los particulares. Esto último sólo la superación efectiva de la sociedad capitalista permitirá lograrlo, y se plasmará siempre y cuando se lleve también una lucha constante dentro del propio movimiento de los trabajadores para impedir su desvirtuación mediante la acción correctiva y punitiva de la colectividad que deberá imponer su capacidad y poder de eliminar intereses de parte que pretendan autonomizarse en contra de lo social general.

Como es posible advertir, en consecuencia, la cuestión del Estado, plantea el reconocimiento de una profunda relación entre su esencia, sus funciones, sus modificaciones, etc. y el trabajo político inmediato, cotidiano por parte de los trabajadores y sus instituciones “representativas”. La conciencia en la actividad política de esta relación y de su importancia organizativa e ideológica es de carácter práctico y no algo para ser resuelto en lo futuro como objetivo de “largo plazo” ¡es una tarea hoy!

* Fernando Hugo Azcurra es economista. Realizó estudios de postgrado en Historia económica en la facultad de ciencias económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires [UBA]. Se desempeñó como profesor en las facultades de Ciencias Económicas y de Filosofía y Letras de la UBA.
En la actualidad se desempeña como profesor de Historia Económica en el CBC de la UBA. Ha sido profesor de macroeconomía de la Universidad del Salvador. Se desempeña como profesor de Historia Económica de la Universidad de Lomas de Zamora. Profesor de Economía I y Economía II de la Universidad de Luján. Ha dictado diversos cursos de postgrados. Actualmente está dictando un taller de postgrado sobre Marx y Sraffa en la Universidad De Luján.
Es autor de ‘Democracia y proceso socialista en Argentina’ [1985]; ‘La nueva alianza burguesa en Argentina’ [1987]; Empresas del Estado y economía en Argentina’ [1989]; ‘Marx y la teoría subjetiva del valor’ [1993]; ‘Fundamentos de macroeconomía’ [2003] y ‘Capital y excedente’ en colaboración con Alejandro Fiorito [2005] y ‘Teoría macroeconómica’ [2006].

Author: marxismo | Date: | No Comments »

· Entrevista con el Secretario General de los trabajadores del transporte colectivo subterráneo de la capital argentina, Roberto Pianelli.

Andrés Figueroa Cornejo

Roberto Pianelli

Roberto Pianelli.

 

A Roberto Pianelli, Secretario General de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subterráneo y  Premetro (AGTS y P), se le ubica reuniendo firmas contra el aumento repentino del pasaje de ese medio de transporte en la estación Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Con una sensación térmica que raya los 40º, Pianelli, luego de beberse del gollete media botella de agua, explica que su organización “existe de manera independiente desde hace dos años. Tenemos mil 500 asociados, logramos terminar con la subcontratación, laborar 6 horas al día, y nos fuimos de la Unión Tranvía y Automotor porque siempre colaboró con la empresa concesionaria del Subte”.

En 1994, el transporte subterráneo, siendo propiedad del Estado, fue concesionado hasta la hora actual a Metrovías S.A., perteneciente  al  Grupo Roggio que tiene inversiones en la construcción, servicios sanitarios, turismo, informática, inmobiliarias y un largo etcétera.

El dirigente sindical cuenta que “luego de las elecciones nacionales recién pasadas se entregó la administración del Subte al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”, cuyo jefe es uno de los precandidatos a las próximas presidenciales, el empresario ultraliberal Mauricio Macri, y añade que “el primer gobernador de la Ciudad que pidió la concesión del Subte fue Fernando de la Rúa y el presidente Carlos Menem se lo pasó sin subsidios. Entonces de la Rúa lo abandonó en la legislatura de Buenos Aires y nunca se hizo efectivo el traspaso”. Sólo ahora se realiza, pero con un 50 % de subsidio del gobierno nacional por un año y nada más.

El Subterráneo de Buenos Aires es el cuarto inaugurado en el mundo y el primero en Iberoamérica. Nació en 1913. Sin embargo, tiene menos longitud que el de Chile, construido muchas décadas después. Se nacionalizó a mediados del siglo pasado y hoy viaja un millón y medio de personas al día.

La transferencia administrativa del Subte se anunció  el martes 2 de enero. En la tarde, Macri manifestó que se tomaría 90 días para estudiar el asunto y luego se resolvería qué hacer. Sin embargo, a las 24 horas, el presidente bonaerense informó que el pasaje  aumentaría un 127 % (de US$ 0,26 a US$ 0,6) desde el viernes 6 de enero, “vulnerando la Constitución de la Ciudad que lo obliga  a llamar a Audiencia Pública con 45 días de anticipación para revisar el contrato de concesión, ver los números reales de la empresa y el propio estado del material rodante, etc. Es decir, el acuerdo era que el Estado subsidiaba con 460 millones de pesos (US$ 107 millones anuales) y el gobierno porteño con otra cifra similar. Hasta entonces el subsidio fiscal era de 800 millones de pesos  (US$ 186 millones al año). Con los nuevos números, el remanente de 2012 se emplearía para invertir en mejoramientos. Pero Macri se ahorró su parte del subsidio cargándoselo a los usuarios”, indica Pianelli, mientras suda y permite el ingreso gratuito de los usuarios a la estación.

MÁS ALLÁ DEL CORPORATIVISMO SECTORIAL

-Algunos consideran que el traspaso de la administración del Subte a Mauricio Macri con sólo la mitad del subsidio por 12 meses, es una forma en que el gobierno nacional le endilga a uno de sus principales competidores políticos  un servicio problemático con el fin de dañar su gestión… ¿Por qué Macri acepta?

“Macri siempre quiso tener la administración del Subte. Es un servicio estratégico a través del cual se puede prestigiar y realizar una campaña electoral que puede reportarle grandes dividendos en la provincia clave de Argentina, por su densidad y naturaleza política.”

-¿Qué pensaron antes de realizar la acción de liberar los molinetes en la tarde del viernes 6 de enero?

“Por un lado, que se estaba castigando a quienes ocupan el Subte que son, en su inmensa mayoría, trabajadores y pueblo. Por eso se llenan los carros en las horas de ingreso y salida de los empleos. Como trabajadores del Subte, no pagamos pasaje, pero tenemos familias y un entorno social que lo usa y cancela diariamente. No seremos cómplices del empeoramiento de la vida de la gente más sencilla. Y por otra parte, pensamos que debíamos ofrecer una señal fuerte para marzo, cuando llegue la hora de que el gremio negocie  sus condiciones laborales con el Ejecutivo citadino.”

TODOS MENOS UNO

-Hubiera quedado como una protesta importante, pero simbólica. ¿Qué hicieron luego? 

“Ese viernes por la noche convocamos por los medios de comunicación  a todas las organizaciones sociales, de consumidores, culturales, sindicales, políticas de la Ciudad, que estuvieran contra el ‘tarifazo’.”

-¿Y cómo les fue?

“Llegó el más amplio espectro social y político que había visto reunido en mi vida. Estaban desde las organizaciones anticapitalistas más radicales hasta el partido del gobierno nacional, y todas las centrales sindicales. Nosotros les dijimos que sabíamos que en la reunión se encontraba representado un sinfín de diferencias, pero que a nosotros sólo nos interesaba que se cumplieran dos cosas: que se frenara el ‘tarifazo’ y que se realizara la Audiencia Pública como indica la Constitución de Buenos Aires. Así se creó la Multisectorial. Entonces se convino recolectar las firmas durante esta semana, manteniendo la liberación de molinetes en las horas punta de las estaciones más concurridas. Serán más de 100 mil firmas  cuando las hayamos entregado a la Defensoría Popular y a la Justicia.”

-¿Qué ha hecho la empresa?

“Nos mandó un centenar de telegramas diciéndonos que la protesta estaba entorpeciendo las labores habituales del servicio. Pero nosotros efectuamos la actividad fuera de nuestro horario de trabajo.”

CONTRA LA INCERTIDUMBRE, LUCHA

-¿Cómo opera la Audiencia Pública?

“Allí participan los legisladores y todas las fuerzas sociales a quienes les afecta el asunto. Es el espacio más democrático que existe en la legislación de la Ciudad. Por lo mismo, es un lugar altamente expuesto a la opinión pública. Nos podríamos preguntar socialmente qué Subte necesitamos, y responder de manera fundada, con conocimiento de causa, y colectivamente  esa pregunta.”

-¿Qué pasa si la Justicia, que debe dirimir muy pronto, aprueba el ‘tarifazo’?

“La lucha sigue con más fuerza, especialmente en marzo.”

LA INDEPENDENCIA POLÍTICA POR DELANTE

-¿Esto no es un espaldarazo político al gobierno central?

“No. Definitivamente. Es cosa de ver la composición de la multisectorial que se formó. Además nuestro gremio ha tenido conflictos con todos los gobiernos de turno desde hace 15 años. Asimismo, por ejemplo, estamos en contra de la Ley Antiterrorista que promueve la Casa Rosada.”

-¿Y si la mentada ‘quita’ gradual de los subsidios a los servicios básicos de agua, electricidad y  gas llegara a afectar la economía de los asalariados y los empobrecidos, qué haría el gremio que diriges?

“Lo mismo que ahora.”

Enero 12 de 2012